miércoles, 5 de diciembre de 2012

El adiós de Ebrard, entre obras y “Las Golondrinas”

Marcelo Ebrard
Milenio.
Estaba tranquilo, sonriente, incluso bromista, portaba la corbata amarilla que tantas veces utilizó durante los seis años que gobernó la Ciudad de México, la cual, a decir de él mismo, pasó de ser el patito feo a un punto de referencia en todo el mundo.

En el último día como jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard inauguró las últimas obras de su administración, o tal vez las que les dio tiempo, participó en la presentación de un par de libros y recibió en todos y cada uno de esos actos solo aplausos y felicitaciones, incluso se dio la oportunidad de comparar irónicamente el fin de su administración con la del ámbito federal.

Su primer acto público fue la inauguración del tramo de la Supervía Poniente que va de Calzada de las Águilas a Luis Cabrera: se subió a un Turibús, señaló diferentes puntos, comentó con sus colaboradores y bajó para el acto protocolario de una construcción que dejó inconclusa, pero ya en funcionamiento a partir de ayer a las 14:00 horas.

Este banderazo urgente a una obra se sumó a la de los últimos días como en la Autopista Urbana Norte y Sur, edificaciones que presumió durante su discurso al enfatizar que lo “inmensas” de éstas no tiene precedente, “ni siquiera en las Olimpiadas de México” en 1968, porque ahora, dijo, son más kilómetros —más de 27—, en menos tiempo y con mayor inversión.

Cortó el listón y lo mostró orgulloso, pues a pesar de que su conclusión se dará en abril, la obra, ahora de 5.2 kilómetros, generó múltiples problemas hasta llegar a resolverse en tribunales si era echado abajo el proyecto.

“A la ciudad lo que le dejamos es la confianza en sí misma, de una ciudad que era el patito feo a una que ahora es un punto de referencia para todo el mundo. Me voy satisfecho y contento por el trabajo que hemos hecho.

“La ciudad para mí siempre será lo principal, he trabajo 30 años para ella”, enfatizó para luego afirmar que su administración al frente del Gobierno del Distrito Federal fue de las mejores.

Ebrard reveló que solo se lleva, de la que en este momento ya no es más su oficina, su bandera, “la que siempre me ha acompañado a todos lados en donde he estado”, y las fotos “que más quiero” y descartó sentir melancolía por dejar el cargo, “porque cumplimos”.

Enseguida se dirigió a la Basílica de Guadalupe, donde encabezó la inauguración de las obras de rehabilitación de esta zona, proyecto que se presentó hace 10 años y que apenas ayer se concretó.

Los trabajos requirieron una inversión de 130 millones de pesos y consistieron, entre otros, en la edificación de un paso a desnivel en avenida Zumárraga, se colocaron luminarias de bajo consumo de energía y hasta se construyó un plaza comercial que obligó a la reubicación de 600 comerciantes ambulantes.

En toda esta inversión no estaba el pago del mariachi que, mientras subía a su camioneta para el siguiente acto, entonó “Las Golondrinas”; los presentes lo vitoreaban, llevaban globos y pancartas con leyendas de “Te extrañaremos”.

Siguió en el Palacio del Ayuntamiento la presentación de un libro. Horas después, otro más, en el que se resaltan los avances en la capital.

“Nos encanta terminar nuestro gobierno así, en vez de una ceremonia quién sabe cómo, a medianoche o quién sabe qué, mejor tener un libro como éste (…) y vamos a seguir viviendo aquí, nadie se va a ir a Harvard”.

Finalmente, Ebrard se despidió en su cuenta de Twitter @m_ebrard: “A unas horas de finalizar mi encargo como Jefe de Gobierno muchas gracias a tod@s !!! Hasta pronto”, escribió en el mensaje... Milenio...

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