jueves, 10 de enero de 2013

Eruviel Ávila Villegas: un gobernador “a medias”

José L. Montenegro. Tras la inesperada aspiración a la candidatura y el fortuito ascenso al Ejecutivo en el Estado de México, el dos veces exalcalde de Ecatepec, Eruviel Ávila Villegas, más allá de generar un “gobierno que piensa en grande” se ha ido acoplando al papel del gobernador de ocasión, aquél que sigue reglas e interpreta la lectura de un guión político-mercadológico del que no debe salirse, ya que al igual que su antecesor, tomar la iniciativa puede resultar contraproducente.

Concebidos bajo la misma dinámica, Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila se han concentrado en establecer un vínculo cercano a los cotos de poder, aquellos que aseguran los puestos más demandados y codiciados de los que en mayor medida depende la continuidad de la gran aspiración priista: la gran concentración de la fuerza tricolor a lo largo y ancho del país.

Algo similar ocurrió con la candidatura de Villegas, que con el gran dispendio de egresos más elevado en la historia de la entidad (148 343 000 000), la magia del teleprompter y el ideal del yo como presidente y gobernador, no fue solo un sueño sino una realidad.

Las alianzas del poder


A diferencia del actual alcalde de Huixquilucan, Alfredo del Mazo Maza, integrante de una de las familias con mayor tradición política del Estado de México y primo del exgobernador Enrique Peña Nieto, Eruviel no era el aspirante posicionado en las encuestas para los comicios electorales en el Estado de México (2011-2017). El favorito, Del Mazo, formó parte de una alianza simbiótica entre los poderes fácticos y las dinastías mexiquenses para evitar la fractura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las pasadas elecciones federales, donde sin duda, Peña Nieto sería el gran beneficiado.

Para esto, el dedo impune de la líder y represora del avance educativo en México, Elba Esther Gordillo, fue esencial para delimitar las bases que recrearían un nuevo escenario con las viejas prácticas del régimen para llegar a la presidencia. Imponiendo, al estilo que solo ella sabe, la dirigente del SNTE hizo uso de los programas sociales del gobierno a cambio de disponer de los padrones y bases de datos para apoyar la candidatura de Ávila. La designación del alcalde de Ecatepec fue la condición que impuso Elba Esther para sumarse a la alianza con el PRI.

Así, el domingo 3 de julio de 2011 salieron a votar aproximadamente 4 576 054 mexiquenses, la abstención fue de poco más de seis millones de electores. A pesar de contar un sistema donde el costo por voto es de más de 60 dólares, mientras que en otros países como Brasil es de 0.29 centavos de dólar o en Colombia de dos dólares, la elección estatal concluyó con el 62 por ciento de los votos para el Partido Revolucionario Institucional liderado por Eruviel Ávila; seguido de la coalición de izquierda que postuló a Alejandro Encinas, con un 21 por ciento de los votos; en tanto el Partido Acción Nacional cayó al tercer sitio, con Luis Felipe Bravo Mena como candidato, obteniendo sólo el 12 por ciento de los sufragios.

El triunfo, al parecer síntoma de la sinceridad institucional de los órganos electorales, promovió la idea de una contienda democrática, donde la irrefutable victoria del priista no causó problema alguno al interior del partido tricolor. La abrumadora campaña publicitaria y la movilización clientelar del sindicato de maestros, así como la intervención del gobierno de Peña Nieto a favor de Villegas, no ocasionó la controversia que provocó la elección del primero al comprobarse y documentarse la compra y coacción del voto.

Sin embargo, la crítica opositora no cesó. La polémica al ofrecer autos y puestos públicos a los militantes que promovieran el voto priista, causó indignación pero no revisiones precautorias ni sanciones que delimitaran la violación a los derechos electorales de la pasada contienda. La impunidad y los diferentes pactos que aseguraron su triunfo, sólo reflejan la maquinaria que construyeron anteriormente líderes del partido que hoy gozan de una fama perversa y de una imagen de impunidad envidiable para cualquier iniciado en el partido dominante.

La herencia peñista


El reto no consistía en llegar, sino en mantener una buena imagen que acrecentara la presencia del mandatario. La enmienda y el escenario que le tocaba interpretar a Eruviel Ávila al tomar el mando como Gobernador del Estado de México, no fue una tarea sencilla. Tan solo en lo que respecta a cifras, la entidad cuenta con 7.4 millones de mexiquenses en situación de pobreza, de los cuales, 783 000 ingresaron a esta categoría durante la administración de Peña Nieto. Cabe destacar que de los 125 municipios que conforman el Estado de México, alrededor de 25 se encuentran en una situación de pobreza media.

Asimismo, la situación de desempleo alcanza una tasa del 6 por ciento dentro de la población económicamente activa, 1.4 puntos arriba del promedio nacional. El gobierno reconoce 380 000 mexiquenses como desempleados, sin embargo, otros reportes indican que son más de 483 000.

La educación pública, bajo un grave y poco funcional avance meritocrático, ubica a la entidad como una de las peores en el rubro, ya que sólo el 37 por ciento de los planteles de primaria cuentan con al menos una computadora o acceso a internet, y en secundaria, sólo el 46 por ciento. El gobierno peñista ocupó el último lugar en avance educativo, siendo además uno de los que menos plazas de maestros concursó.

También con el exgobernador, el Estado de México pasó del lugar 15 al lugar 3 en carencia alimentaria, sin mencionar que un tercio de los nuevos casos surgieron durante su mandato. De igual forma, la seguridad promovió un auge que culminó con la posición número uno en delitos y secuestros a nivel nacional. El 33 por ciento de los feminicidios en el país sucedieron mientras él estaba a cargo de su estado, superando incluso en esta métrica a Ciudad Juárez.

Durante su administración, ocupó el tercer lugar entre los estados más endeudados, justo detrás de Coahuila. Los cárteles de la droga tuvieron un crecimiento que expandió su dominio al norte y oriente de la entidad en municipios como Valle de Bravo, Ecatepec, Chalco, Tultitlán, Los Reyes La Paz, Naucalpan, Tlalnepantla, Ixtapaluca, Zumpango, entre otros.

En cuanto a inseguridad, cifras revelan que al menos el 78.2 por ciento de los ciudadanos en la entidad han sido víctimas de algún tipo de agresión física, sexual, económica o psicológica. Y en cuanto a servicios de salud, menos de la mitad de la población no tiene acceso a ella, el 48.4 por ciento de los mexiquenses padecen de la desigualdad de aquél derecho en la entidad.

La aplicación efectiva de los derechos no está orientada a los ciudadanos, los negocios multimillonarios que han sido encaminados para el beneficio de las candidaturas, distan de generar un cambio en el desarrollo económico, político y social en la entidad. Tan solo en el Estado de México, se han concesionado obras entre familiares, amigos y socios, mismas que han permeado el rezago tanto en competitividad como en oportunidades de igual forma en un terreno nivelado de juego para todos los mexiquenses y ciudadanos en general.

Gobernador “a medias”


Con un gasto de 500 millones de pesos en menos de 45 días para su campaña a la gubernatura del Estado, y su incansable empeño por garantizar 2.2 millones de votos, equivalentes al 52 por ciento de los sufragios; el actual gobernador se valió de todos los recursos para concretar un panorama tricolor que garantizara alguno de los dos rumbos más vislumbrados dentro de la población mexiquense; uno, la represión y el autoritarismo como primer poder, este con un sistema de resultados a cargo de un mandatario con decisiones centralistas, o, dos, el más rentable, la “renovación” del partido al mando de un grupo de jóvenes tecnócratas poco experimentados.

La reacción colectiva ante la conclusión del proyecto de dos campañas encaminadas hacía un mismo fin, provocó la formación de grupos sociales unidos para manifestarse contra el actual régimen, entre ellos, el Movimiento #YoSoy132 que surgió a partir del viernes negro con la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana. Eruviel, resultó ser otro candidato formado e instruido en el boom del infobranding político, así, ha dado mucho que desear. Inauguraciones aquí. Proyectos de construcción allá. Programas sociales brindados. Becas escolares. Incentivos para los que menos tienen. Nada relevante en la entidad.

Quizá no sea de sorprenderse que la manía por los “compromisos cumplidos” continúe, y con ello, el afán de aparecer frente a miles de espectadores en la televisión haciendo mención honorífica de su grado político como “salvador social” en la entidad ya gobernada, sea un referente de veracidad y manipulación mediática para incitar a un voto positivo, como en su momento lo hizo Peña Nieto.

De seguir evadiendo la causa, como lo han hecho los últimos dos exgobernadores, Eruviel pasará a la historia como el gobernador “a medias”, aquél que prefirió sentarse en el rincón de los olvidados, tratando de no ser parte del problema pero tampoco de la solución. 

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