martes, 8 de enero de 2013

La batalla por el micrófono, la foto y el tweet

Jorge Diaz

Jorge Diaz. Comienza el 2013 (feliz año a todos), y los políticos se alistan a llevar a cabo sus estrategias con el propósito de mantener la chamba y hacer ver mal al contrincante. Estrategias nuevas o rancias, pero todas en marcha para conseguir el objetivo.

Dadas las nuevas circunstancias de la comunicación, los políticos librarán la batalla para transmitir sus actos, ideas e iniciativas (verdades o mentiras) no sólo arrebatándose el micrófono y posando cuántas veces puedan para la foto como antaño, sino también apurándose por ganar la atención en 140 caracteres (por su actividad en twitter). Pero lo verdaderamente importante, será lo que al interior de sus partidos, grupos legislativos y funciones de gobierno realicen.

En el caso del PAN y por las recientes noticias que de ese instituto político se generaron, es obvio que el análisis se basará en el fundamento del “vaso medio vacío o medio lleno” según el cristal con que se mire. Para algunos, la depuración de su padrón recientemente llevado a cabo, en donde 4 de cada 5 militantes se perdieron, les ofrecerá la oportunidad de renovarse, quitar la paja del camino y consolidar un partido con una militancia más comprometida y menos convenciera, que dé la cara a las nuevas generaciones de mexicanos que ya no se inclinan por el discurso conservador recalcitrante y construya un lenguaje moderno, más atractivo para los jóvenes. Para otros, una humillación difícil de sacudirse en el futuro inmediato.

Para la izquierda mexicana, y aunque el caso del PAN pudiera representar una valiosa oportunidad, las cosas no se presentan fáciles. Su eterno problema, la división, se agudizará aún más con la puesta en escena de MORENA. Una incógnita para las próximas elecciones: irán unidos como lo hicieron en las presidenciales de 2012 o por fin AMLO decidirá aislarse y hacer más grande la fractura. Con sus promesas (mismas que casi le funcionan en 2012) será difícil que agrupe una fuerza capaz de competir en serio contra los partidos existentes en el corto plazo. Sólo le habla a los suyos y sólo los suyos confían ciegamente en él, pero nada más. En el proceso pasado perdió mucha confianza del elector indeciso.

Hablar del PRI resulta prácticamente inútil. Como pasó con el PAN durante dos sexenios, el partido en el poder se mantendrá cohesionado por intereses obvios, recordar la famosa frase: “el que se mueva, no sale en la foto”.

El análisis en este caso se centrará exclusivamente en la actuación del gobierno federal, de ello dependerá lo que el PRI decida en unos cinco años, por ahora, todos flojitos y cooperando. Con un descontento social imposible de ignorar, la obligación de Enrique Peña Nieto y sus más cercanos, es darse prisa para demostrar su real interés en ofrecer resultados satisfactorios en los rubros que más reclama la sociedad: economía familiar favorable, empleos dignos y bien pagados, educación de calidad, seguridad efectiva y comprobable en nuestras calles, un manejo responsable de las finanzas públicas y ataque frontal a la corrupción, caiga quien caiga.

Enrique Peña Nieto tiene dos meses para demostrarnos de qué está hecho, dado que a partir de ahí, se definirá el trato con los ciudadanos durante su mandato, amén del respeto que deberá ganarse entre sus rivales políticos.

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