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jueves, 10 de enero de 2013

MoReNa entra a la boca del lobo

Luis I Sánchez
Luis I. Sánchez. El Movimiento Regeneración Nacional, mejor conocido por propios y extraños como “Morena”, inició ayer las tareas respectivas a captar la mayor cantidad de afiliaciones para que, a mediados del año que viene, el Instituto Federal Electoral pueda otorgar el registro de partido político a esta organización que, hasta ahora, no había servido sino para integrar una base de apoyo a las aspiraciones presidenciales de López Obrador.

Así pues, Morena, completamente identificada con el movimiento lopezobradorista, entrará de lleno a la arena política para competir por los puestos públicos en todos los niveles de gobierno y, lo que es más importante, comenzar a ganar terreno para tener alguna posibilidad en las próximas elecciones presidenciales en 2018. Sin duda un camino largo y difícil es el que aguarda a los propósitos de este partido político en ciernes.

Y, desde luego, el reciente cambio de denominación de Morena ha generado una serie de opiniones, tanto benévolas a su actuar, como contrarias a esta. Entre las mayores críticas que puede uno encontrar en la prensa nacional es la de que AMLO, en su necia creencia de que sólo él puede corregir el rumbo del país, usará a Morena para de nuevo intentar alcanzar la presidencia al término de este sexenio. Aunque la crítica no carece de ciertos fundamentos para pensar que en efecto Obrador piensa lanzarse nuevamente para presidente, lo cierto es que él no ha afirmado categóricamente su deseo de contender una vez más por la más alta magistratura del país. Lo que sí ha dicho es que Morena es el instrumento que permitirá el “cambio verdadero” que habrá de operarse desde abajo, con la ayuda de los mismos ciudadanos que la conformen, y que combatirá además todas las reformas que se proyecten y que puedan tener un impacto negativo para el país y, en especial, para los más necesitados. Ejemplo de esto es la defensa del petróleo y detener el aumento de los impuestos. Atrás parece haber quedado, al menos por el momento, el pretendido deseo de hacer que Peña Nieto descendiera del puesto que, por decir lo menos, ganó de forma controvertida e irregular.

Otra de las críticas, y a la que a mi parecer debe ponerse mucha atención, es la que acusa a Morena de entrar en el juego político que siempre ha atacado la retórica lópezobradorista, es decir, aquel en el que se juegan con reglas torcidas y en el que las posibilidades de ganar se inclinan al jugador (o jugadores) con los mayores recursos económicos, o el que tiene mayor posibilidad de otorgar prebendas a cambio de apoyos de cierto tipo (léase, sindicatos, medios de comunicación, otros partidos políticos). En suma, Morena está entrándole al juego de sus adversarios en el que tiene pocas posibilidades de ganar en su actual forma.

Esto genera sin duda una contradicción: Morena ataca a las instituciones establecidas y acusadas de corruptas o ligadas a la “mafia del poder”, pero a la vez debe de buscar el reconocimiento de dichas instituciones con el objeto de poder llevar a cabo el plan político de honestidad, defensa de las clases sociales necesitadas y la austeridad republicana tan cacareada por AMLO. El diputado federal por el PRD, Luis E. Cházaro se refería a esto de manera irónica al comentar que los miembros de Morena “quieren integrar un partido político en esas instituciones a las que han mandado al diablo”, y comentó además que le llamaba la atención el discurso de Martí Bartres de “vamos al IFE, pero no lo reconocemos, no le damos validez, venimos a registrarnos con ustedes pero no los convalidamos. No entiendo: ¿son o no son sistémicos?” [Fuente].

Sin embargo, así es. Para que Morena tenga una oportunidad de competir por los puestos que le permitan poner en marcha su programa “regenerador” habrá de vérselas con el mismo sistema que descalifica. Esto, desde luego, no viene sin riesgos. El primero de ellos se encuentra en las críticas originadas a partir de la continua descalificación de una forma de actuar aparentemente ambigua. Un segundo riesgo, de mucha mayor importancia, es que el partido fundado por AMLO caiga en la misma dinámica de corruptelas, influencias e intereses que los demás partidos políticos. Sin el poder de otorgar prebendas, ni con las bases militantes de sus pares como el PRI, el PAN y el PRD, Morena puede tardar en despegar, aunque el registro es algo que obtendrán de manera casi segura.

Quedan pues seis años en los que se espera que el Movimiento Regeneración Nacional muestre de lo que es capaz. No le faltan adeptos, pero falta ver de qué manera podrá sortear la maraña de “tentaciones” políticas que dice combatir, para formar un verdadero partido que luche por los derechos de los más necesitados, y establezca un proyecto sólido desde la cual pueda impulsarse para poder tener una oportunidad en 2018. Me atrevo a decir, sin embargo, que el hecho de que Obrador figure nuevamente como candidato podría restar muchos puntos.

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