lunes, 25 de febrero de 2013

Cuando el demonio se introdujo en la Corte

La Voisin
La Voisin
Rocío Moreira. La brujería, así como las artes oscuras han formado parte de la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, y durante un período del reinado de Luis XIV de Francia, conocido como el Rey Sol, se suscitó uno de los episodios relacionados con la magia negra y el Satanismo más conocidos de la historia.

En ésta época los brujos pululaban, en gran parte gracias a la abundante clientela que tenían, de la cual, una buena parte era conformada por personas de noble linaje. Entre las filas de los hechiceros destacaba Catherine Deshayes, mejor conocida como La Voisin, quien era considerada como la sacerdotisa de Satanás más célebre de su tiempo.

Una de sus especialidades era la práctica de abortos, por lo que se llamaba a sí misma “hacedora de ángeles”, y orgullosa presumía ante su clientela el haber quemado y enterrado en su jardín a más de 2500 “angelitos”.

Françoise Athènaïs de Rochechouart, era una joven noble francesa, destinada a contraer matrimonio con el Marqués de Montespan, título que le sería legado con tal unión; ella estaba deslumbrada ante la magnífica vida que le otorgaba el monarca a su cortesana favorita llamada Louise de la Vallière, así que se propuso sustituirla, y lo logró gracias a la ayuda de La Voisin.

En cuanto hubo conseguido su objetivo, la invadió el miedo a ser desplazada, así que una vez más recurrió a la ayuda de la hechicera, quien le aconsejó que debía solicitar la ayuda y protección de Satanás mediante una misa negra.

Una vez decidido efectuar el ritual, la demoníaca sacerdotisa acudió a otra bruja amiga suya conocida como La Trianon, para que consultara el horóscopo y determinara cual sería la fecha más apropiada para llevar a cabo la ceremonia, misma que debía ser señalada con cuarenta días de antelación, que era el tiempo que requería para prepararse el sacerdote católico que la habría de oficiar.

Marguerite, la hija de La Voisin, se encargó de reunir a varias señoras, que eran asiduas partícipes de misas negras, y entre todas se ocuparon de llevar a cabo los preparativos necesarios, como lo eran la decoración del recinto donde se llevaría a cabo, las vestimentas de las asistentes y los elementos que formarían parte del rito.

El ritual se llevó a cabo, y la marquesa continúo siendo clienta de la hechicera, quien a menudo le proporcionaba pociones y encantamientos para continuar siendo la favorita del rey, situación que perduró durante varios años, hasta que Marie Angelique de Fontanges la sustituyó.

Françoise furiosa y corroída por la envidia, decidió vengarse del soberano, y una vez más acudió a la bruja, entre ambas lograron obtener un veneno poderosísimo, que untaron en un pergamino que contenía escrita una petición al monarca, y decidieron que sería La Voisin quien lo entregaría al rey en una de sus audiencias públicas.

Quiso el destino que en dos ocasiones, por diversos motivos, el soberano no recibiese a la perversa mujer, cuyo plan sería descubierto gracias a una denuncia anónima con la que se detuvo a un hombre llamado Louis de Vanens, acusado de brujería y satanismo, y cuya casa fue registrada; en la vivienda se encontró documentación que señalaba a varias personas involucradas en las artes oscuras, una de ellas era La Voisin, quien fue detenida y su domicilio revisado, donde también se hallaron nombres y testimonios.

Fueron las confesiones de los detenidos las que revelaron las identidades de más adeptos al satanismo, entre los que figuraban muchos nobles, algunos de los cuales compartían mesa con el rey.

Durante el juicio celebrado en los tribunales de París, fueron descritos con lujo de detalles las perversas ceremonias y los macabros asesinatos perpetrados en honor al maligno. Una de los testigos clave fue una joven de origen humilde de apellido Chanfrain, que era la amante del abad Guilbourg, quien fue el sacerdote encargado de oficiar la misa negra, junto con dos más que había encargado la marquesa

La concubina ayudaba al clérigo durante estos ritos, y él, para homenajear a Satanás en sus perversas ceremonias, había ido asesinando a los hijos que ambos habían procreado.

Horrorizado ante los relatos estremecedores confesados en el juicio, el rey consideró inapropiado que estos se divulgaran entre el pueblo, así que ordenó que los documentos donde constaban estas atrocidades fueran guardados en la parte más recóndita de los Archivos de la Bastilla.

Las sanciones a los satanistas fueron diversas, a unos la muerte, a otros el exilio, a los sacerdotes implicados, entre otras cosas, la excomunión; otros más fueron sometidos a cadena perpetua. La Marquesa corrió con mejor suerte, gracias a que el monarca tuvo clemencia por ser ella la madre de siete de sus hijos, así que la confinó en la clausura de un convento, donde terminó sus días.  

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