miércoles, 13 de febrero de 2013

Dolor de cabeza

Jorge Diaz

Jorge Diaz. Ayer martes por la mañana no era un martes cualquiera, la ciudad de México y el área metropolitana parecían más caóticas que nunca. De ser víctima de un infractor de tránsito, te conviertes en un infractor más, 30 segundos más tarde y en otros 30, víctima de nuevo, y así.

La radio no dejaba de vomitar estupideces. Unos, tratando de justificar a Benedicto XVI y más aún, posicionándolo como el paladín de la justicia en la tierra, argumentando a como dé lugar que él sí hizo muchas cosas en contra de los pederastas, patrañas. Otros, intentando ver un “compló” en la sucesión papal, la enfermedad de la intriga está muy diseminada en nuestra sociedad, por lo que sin haberse topado en 600 años con un hecho como el de la renuncia de un Papa, ya contamos con un sin número de sesudos analistas que desmenuzan y predicen las cosas.

Creo que ya hasta están soltando el rumor de la presencia de tarjetas Soriana en los pasillos vaticanos para poner en la silla de San Pedro a alguien a modo de los “poderes fácticos”.

Luego, como patada en “santa sea la parte” me cayó la noticia de que al Partido Verde Ecologista le perdonaron su multa. Ahora resulta que los niños verdes no hicieron nada y su franquicia está segura con los señores del IFE, que vaya que saben hacer bien sus encargos. Impunidad y corrupción, el sello de la familia mexicana.

Los mejores deseos de esa mañana de martes desastrosa, provenían del gobierno federal, pero no resultaron un remedio para mi dolor de cabeza; por el contrario, me regresaron a la realidad del tráfico.

El anuncio de una iniciativa lanzada por el presidente en sentido de aspirar a una mejor vivienda para los mexicanos en al menos las 70 ciudades más grandes del país, organizar mejor la mancha urbana, planear las ciudades de manera más vertical para que los espacios sean mejor aprovechados, fomentar la disminución del uso de transporte público mediante el acercamiento de los edificios de vivienda a las áreas de trabajo, regular y vigilar los contratos a empresas constructoras, especificar al menos 2 recamaras por nueva vivienda construida, ponerse estrictos en la utilización de materiales de calidad por parte de quienes ganen los concursos de construcción, mejorar las vialidades, en fin, hacer de esto un país de las maravillas. Ja, ja, ja!

¿Con todo este desmadre? ¿Cómo? ¿Acaso México tiene remedio? Me pregunté, al mismo tiempo que apagaba la radio.

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