miércoles, 20 de febrero de 2013

Historias Varias: Sometimientos

Antonio Quiroz. Hay muchas cosas a las que los mexicanos deben de temer, la más reciente es que lo que hizo el diputado local priísta de Guanajuato, Guillermo Romo Méndez, (vestirse de torero para luego, en tribuna, defender la tauromaquia) se haga moda entre la clase política nacional, puesto que no sería agradable ver a los legisladores federales usando ropas de cuero y llevando un látigo en alguna de sus manos cuando discutieran las reformas estructurales…


Hasta culturalmente, sostienen sus defensores, el libre comercio es benéfico: la apertura de fronteras, explayan, contribuye a la comprensión entre diferentes pueblos y, con el paso del tiempo, a la evolución de los mismos.

Es claro que los de la potencia americana están conformes con la asimilación de sus usos y costumbres en América Latina (que más bien ha sido de manera parasitaria), no obstante, y en contradicción con lo que sus líderes defienden, les horroriza la idea de que los braceros que emigran del sur (a saber por qué) tengan mayor influencia en su cultura, de ahí la negativa a una reforma migratoria decente.


Es claro que para la actual administración federal es lamentabilísimo que sus gobernados mueran por desnutrición (por algo echó a andar la Cruzada Nacional Contra el Hambre hace algunas semanas), y no es que el humanismo haya llegado a lugares insospechados, es más bien que sabe que las entidades bancarias internacionales necesitan que los de bajos recursos económicos de cada país se mantengan con vida para continuar “aconsejando” que los salarios sigan a ras de suelo.


Bien lo dijo Gil Kerlikowske, zar antidroga de la Casa Blanca, la estrategia antinarcóticos de Estados Unidos en América Latina es funcional. Y es que el tráfico de drogas es una actividad que genera ganancias anuales mayores a 300.000 millones de dólares para los diversos cárteles de la estupefacientes en el mundo. Es entonces, la política antidrogas de Estados Unidos, exitosa, no por el combate a los narcóticos, sino porque le da al gobierno gringo una excusa para intervenir en los asuntos internos de ciertos países; corromper gobiernos, imponer algunos más y pactar con el cartel de la droga que más convenga, eso sí, atacando a los demás grupos criminales en el negocio de los estupefacientes y simulando así una guerra legítima contra las sustancias ilegales.

En la era neoliberal las relaciones comerciales lo son todo, más aun las ilegales que dejan miles de millones. Así, la estrategia antinarcóticos estadounidense es más bien una batalla por las mejores rutas comerciales de la droga usando grupos criminales afines como operadores que además son una herramienta para eliminar opositores al régimen. Es un proyecto que va más del control del tráfico de sustancias ilícitas, aspira a ser una dictadura globalizada, Latinoamérica es apenas el laboratorio…


En el actual orden social los espacios de debate político cedidos por la derecha sirven de deshago para los intelectuales contrarios al régimen y para que las huestes pseudorevolucionarias tomen nota de comentarios ingeniosos que puedan ser compartirlos en redes sociales. Al final, las verdaderas controversias son las que tienen lugar en las cedes de los organismo económicos internacionales, entre empresarios y economistas, con respecto a los excesivos derechos de los obreros. 

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