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domingo, 10 de febrero de 2013


Política antidrogas: ¿seis años más de lo mismo?

José L. Montenegro. Las desapariciones, los ejecutados, las organizaciones criminales y todo este montaje que permeó la creación de un show del terror que se vive en cada entidad de la República Mexicana, ¿acaso han desaparecido? Es evidente que no, sólo se ha minimizado el problema mediáticamente. Esta estrategia fallida implementada desde el 1 de diciembre de 2012 —día en que tomó posesión Enrique Peña Nieto— lo único que demuestra son dos formas irresponsables de cómo —de manera consciente o inconsciente— estos cárteles se fueron empoderando, adquiriendo fuerza dentro del mercado de la ilegalidad, cobijados bajo una estructura que opera sin la mínima regulación y anuencia del gobierno mexicano.

La primera, al no mantener informada a la población, el problema del narcotráfico sigue ahí, justo donde Felipe Calderón Hinojosa lo dejó, tal y como se transformó durante su administración, creando un modelo de gobierno síntoma de una debacle institucional con resultados poco favorecedores; y segunda, avala el mal manejo de la herencia que el sucesor de Calderón carga, la cual no es más que un recordatorio deprimente de la colusión de los distintos órganos de seguridad del país, sometidos a un poder criminal que tiene y funge con autoridad propia, sin acatar reglas y queriendo ser cada vez más fuerte de lo que aparenta su ‘casual ausencia’ en los medios masivos de comunicación.

¿Ya no hay guerra contra el narcotráfico?; ¿Ya no existen los cárteles de la droga?; ¿Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán luce debilitado y pronto su captura va a erradicar la producción, venta y comercialización de estupefacientes en el mundo?; ¿Qué va a pasar durante estos próximos seis años en materia de seguridad?; ¿Se pactará con los cárteles criminales o con uno solo en específico?; ¿Se beneficiarán grupos compactos que normalizan la impunidad como una cultura de pasividad frente a los errores del poder?; ¿Qué políticas va a implementar el recién presidente Enrique Peña Nieto?

Nadie dijo que encabezar el Poder Ejecutivo era una tarea sencilla, eso no venía en el guión. Tan solo en lo que va de su gobierno —los primeros 62 días de administración priista— se registraron 1 758 asesinatos, 28 homicidios diarios en promedio. Dichos decesos son presuntamente relacionados con la rivalidad entre las distintas mafias que hoy se extienden a lo largo y ancho del territorio nacional; sin mencionar, la tragedia en la Torre de Petróleos Mexicanos en el Distrito Federal ocurrida el pasado 31 de enero, la cual dejó 37 personas fallecidas y más de un centenar de heridos. Incluso en el estado que gobernó, el Estado de México, en enero de este año fueron 105 muertes las que se registraron en Toluca y Ecatepec, vinculadas de igual forma con el crimen organizado.

En contra de la legalización de las drogas, Peña Nieto ha hecho saber en más de una ocasión que este acto no es más que una “puerta de acceso al consumo de drogas más dañinas”. Su renuencia por abrir el debate en este rubro, sigue causando el crecimiento acelerado de los cárteles; entre menos medidas se discuten para combatir este mal, surgen a la par nuevas estructuras criminales que hacen uso del aparato de seguridad mexicano para poner en acción una red de corrupción internacional —tal y como lo hemos venido apreciando durante los últimos años— misma que siembra, produce, cosecha, distribuye y comercializa la mercancía hacia cualquier parte del mundo.

Satanizar el problema no es la única opción. Minimizar el riesgo no es una salida viable. Tanto México como Estados Unidos —el principal consumidor de drogas en el mundo— tienen una tarea pendiente. Suprimir las historias que pasan en ambos territorios no es la narrativa actual del narcotráfico, estructurar una política eficaz que resguarde la integridad y acceda a la elaboración de un plan conjunto para salvaguardar la seguridad de ambas sociedades, lo es; de no implementarse, México caería nuevamente al círculo vicioso del prohibicionismo, aquél que sólo fomenta de manera recurrente la normalización de la siembra, el oficio y el consumo desmedido de la droga en el mundo.
 
TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN NEWSWEEK EN ESPAÑOL, VOL. 17, NO. 7, 18 DE FEBRERO DE 2013, YA EN CIRCULACIÓN. http://www.newsweek.mx
 

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