Hoy, en la pluma de:

jueves, 14 de marzo de 2013


Grupos de autodefensa ¿problema o solución?

Luis I Sánchez
Luis I. Sánchez. Acaban de cumplirse cien días de gobierno de Enrique Peña Nieto y diversas voces se han alzado tanto a favor como en contra de sus acciones, muchas de las cuales han tenido que ver con el tema de la inseguridad que heredara del anterior gobierno, presidido por Felipe Calderón quien ahora vive sin preocupación alguna en el vecino país del norte. Así pues, dicha inseguridad ha tenido diversos efectos además de los obvios (muertes, desapariciones, desplazamientos, etc.), y estos son que los ciudadanos se decidieran a empuñar las armas para velar por su propia seguridad y la de su comunidad, debido a la imposibilidad del Estado de poder enfrentar con efectividad y en todo los lugares donde se presentara, el grave problema que representan las bandas del crimen organizado para la ciudadanía en general.

De esta manera, y privados los miembros de diversas comunidades de sus derechos de tránsito, trabajo, educación, seguridad y una vida digna y libre de preocupaciones, acosados incluso por los mismos cuerpos de seguridad cuya tarea es protegerlos y defenderlos de todo abuso, es que comenzaron a surgir, en diversos puntos de la República, los grupos armados de autodefensa, siendo probablemente el más famoso el caso de Cherán, cuyas acciones para defenderse del yugo al que los había sujetado el crimen organizado, y de los abusos de las autoridades del lugar, dio lugar a un proceso político bastante interesante y que, probablemente, fue la punta de lanza para que otras comunidades intentaran hacer lo mismo.

No obstante la aparente validez y legitimidad de este tipo de movimientos, en las que la lógica indicaría que si el Estado no puede cumplir con sus funciones, entonces dicha tarea puede y debe recaer en el pueblo (algo así como la vuelta de la soberanía a sus fuentes), puede acarrear consecuencias inesperadas. Por ejemplo, si el Estado mexicano decidiera dejar que los grupos de autodefensa se desarrollaran, quedaría en el aire la incógnita respecto a quién tendrían que rendir cuentas, pues el sistema de gobierno no cambiaría, las autoridades civiles seguirían siendo las mismas, y ni hablar de las estatales y federales.

Varias cuestiones merecerían, además, la atención. Por ejemplo, la reglamentación de dichos cuerpos: ¿podrían reglamentar ellos mismos sus propias funciones, nombrar a sus jefes, disponer de recursos? ¿De qué manera se insertarían en el actual entramado de corporaciones de seguridad pública? ¿Cuáles serían sus atribuciones? ¿Cuáles, sus límites y jurisdicciones?

Si bien el nacimiento de estas guardias podrían ser consideradas como una necesidad en algunas regiones específicas azotadas de manera más cruel que otras por la delincuencia, también es cierto que no podrían ser sino cortinas de humo levantadas por las mismas organizaciones criminales que, bajo la apariencia de grupos de autodefensa, podrían llevar a cabo sus actividades ilícitas de manera impune, levantando menos sospechas, y controlando de manera más eficiente tanto a la población como las áreas geográficas de sus zonas de operación.

Es por lo anterior que el presidente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos advirtió que la proliferación de este tipo de grupos conlleva un riesgo para el Estado —a quien se le arrebata el uso legítimo de la violencia y, por tanto, parte de su legitimidad—, debido a que se merma su autoridad, además de que es un claro indicador de que no se encuentra haciendo bien una de sus tareas primordiales, es decir, otorgar garantías de seguridad a su ciudadanía.

Si bien lo que menciona Plasencia es cierto —pues un número elevado de ciudadanos en armas no hace más que provocar preocupación—, también es cierto que el gobierno podría tomar cartas en el asunto y, si logra reglamentar bien esos cuerpos, podrían convertirse en una poderosa herramienta para disuadir la acción criminal en regiones específicas. Esto, claro, con una legislación que no dejara una sola sombra de duda sobre sus funciones, sus atribuciones y sus autoridades responsables. Además, otorgaría a los ciudadanos una suerte de distinción, y los pondría en primera línea con respecto al cuidado de sus intereses, los de su familia y de su comunidad, cuestión en la que serían, casi con seguridad, sumamente eficaces.

Por el momento la situación se encuentra tensa en Michoacán, donde miembros del ejército han detenido a varios guardias de autodefensa (y donde también, a su vez, varios miembros del ejército han sido detenidos —y liberados— por los guardias comunales). El gobierno tiene en estos grupos una oportunidad de combatir más efectivamente al crimen organizado, veamos si la aprovecha.

Blog: http://facetashistoricas.wordpress.com/
Academia: http://unam.academia.edu/LuisSanchez
Linkedin: http://is.gd/5YW6iL  


Compartir


0 comentarios:

Copyright @ 2010 Por un México Inteligente. Templateism | The Globe Press