lunes, 11 de marzo de 2013

La nueva fe de los mexicanos

Daniel Higa. Es bien sabido que los mexicanos somos un pueblo fervoroso por las cuestiones de la fe. Nos ponemos en las manos de todo los santos para que nos ayuden a resolver problemas y superar situaciones difíciles. Pedimos que nos protejan con su “infinito poder celestial” para no sufrir ningún daño físico ni emocional en los avatares de nuestro destino.

Vagabundeando por las riquezas de las redes sociales, me encontré un documento que es un claro reflejo de lo que acabamos de comentar y de cómo hemos cambiado nuestras motivaciones religiosas debido al entorno de violencia que vivimos a diario en todo el país.

El texto se llama “La nueva oración de los mexicanos” y dice así: “Santa Pascuala, ¡que no me alcance una bala! Santa Antonieta, ¡que no me quiten mi camioneta! San Macario, ¡que no me persiga un sicario! San Andrés, ¡líbrame de un secuestro exprés! San Abulón, ¡líbrame de un levantón! San Timoteo, ¡que no me toque un tiroteo! San Federico, ¡que no me rompan el hocico! Santa Librada, ¡que no me caiga una granada y me lleve la chingada! ¡Amén!.

Evidentemente esta es –otra más- una clara muestra del humor ácido y vanaglorioso que caracteriza al pueblo mexicano. Nos reímos de las desgracias personales y sufrimos en carne propia las desventuras de la protagonista “buena” de las telenovelas. Pero más allá de lo cómico que me resultó la oración, es una evidencia de que en México las cosas están muy calientes.

En muchas regiones del norte del país –sin excluir algunas del sur como Guerrero o Veracruz–, sufrir un levantón, morir en medio de un tiroteo o ir caminando por la calle y escuchar a algunos metros de distancia el estallido de una granada, es algo casi cotidiano. Las probabilidades de que sucedan estos hechos que parecen de película, son muy altas debido al grado de violencia que se vive en el día a día.

Haciendo un monitoreo rápido –sin ninguna metodología, lo aclaro- de cuantas personas fueron asesinadas en un par de días en todo el país –tomamos como ejemplo el viernes 8 y sábado 9 de marzo de 2013–, pudimos contabilizar una mujer en el DF, cinco en Saltillo (que luego los colgaron de un puente); uno en Iguala (que por cierto era el presidente municipal de este municipio); uno en Guanajuato; un menor de edad en Sinaloa, un joven en Michoacán y otro en Badiraguato Sinaloa; una persona en Tlaquepaque Jalisco y la lista continúa…

Es decir, cuando la realidad es tan grave como lo que nos está sucediendo como sociedad y ante la ineficacia de las autoridades para detener la ola de violencia; el único recurso que nos queda y como un acto de desesperación, es pedirle el “milagrito” a Santa Pascuala para que nos proteja de las balas que a diario suenan por las calles de todo el país.

Todavía no se ve cómo pueda cambiar este escenario. Las consecuencias de la famosa “guerra contra el crimen organizado” iniciada el sexenio pasado siguen siendo las mismas y los niveles de violencia y asesinatos no disminuyen.

La nueva estrategia del gobierno federal actual no ha tenido resultados inmediatos y según se ve, hay que esperar un largo rato todavía. Pero algo que sí ha cambiado es la forma en que los medios de comunicación han modificado el enfoque de la violencia y de ser los asesinatos y tiroteos noticias de primeras planas, ahora son notas perdidas donde nadie prácticamente les hace caso.

Pero esto no quiere decir que las cosas hayan mejorado, sino al contrario, el problema está igual de gordo que como lo dejó el gobierno panista. La única diferencia es que el nuevo gobierno ya aceptó que son al menos 26 mil los desaparecidos productos de esta “guerra”, cosa que la administración anterior negó rotundamente y a lo más, los llegó a considerar como los “daños colaterales” que según ellos, era el precio que se tenía que pagar por lograr la “¿seguridad?” de los mexicanos.

Ahora hay que esperar que las autoridades federales tengan una estrategia clara para localizar a estos desaparecidos y evitar que el número siga creciendo. Por eso es tan importante y dadas las circunstancias, la intercesión de San Abulón para que nos libre de un posible levantón.

Las cosas no están nada fáciles ni cómodas en México en materia de seguridad. Vivimos en medio de la angustia de sufrir un atentado, los que tenemos familiares en otros estados de la República sentimos temor por recibir una llamada de ayuda; los hogares que han sufrido alguna pérdida o desaparición de uno de sus miembros producto de la violencia están más solas que nunca en medio de la indiferencia de las autoridades locales.

Pero a pesar de todo esto, el humor del mexicano no ha cambiado y todavía da para crear una nueva oración que refuerza la fe hacia los milagros… esos que Chava Flores resumió en su canción “A qué le tiras cuando sueñas mexicano” 

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