Hoy, en la pluma de:

viernes, 8 de marzo de 2013


Peña Nieto y la corrupción

Jorge Diaz

Jorge Diaz. Está claro que una cosa son los signos y otros, los síntomas. Mientras que un signo podría ser interpretado como una señal de que algo distinto a lo normal está pasando en un determinado organismo; el síntoma, sería un conjunto de signos que nos pueden llevar a la certeza de un diagnostico específico.

Llevado al terreno de la vida pública, lo que en las últimas semanas se ha visto, son signos de que algo distinto a lo normal está ocurriendo en el tema de la corrupción.

En el caso de Elba Esther Gordillo, todo parece indicar que las autoridades no quieren que el asunto pare en algo meramente político, y empiezan a extender las investigaciones hacia lo que podría ser la larga cadena de corrupción que rodeaba y se alimentaba de la lideresa magisterial, asunto por demás importante si se quiere hacer un acto de justicia completo. Buena señal.

Para el ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier, la suerte está echada. La PGR ha atraído el caso y seguramente veremos acciones pronto ¿hubo corrupción ahí? Todo parece indicar que sí. No es nuevo un gobernador en la cárcel (recordemos el caso del ex de Quintana Roo) pero si esto responde a un conjunto de actos en el mismo sentido en el futuro, estaríamos ante algo inédito.

Ya se filtró a la prensa la detección de una red de corrupción en PEMEX, no sería extraño que en pocos días, empecemos a ver detenidos. Nada más delicado en estos tiempos, que tocar a una institución recién golpeada por la tragedia y que despierta tantos celos entre los mexicanos todos. Otro signo.

Por otro lado y aunque un tanto fuera de la jurisdicción del presidente (aunque nunca fuera de su manto de veto o aprobación), los legisladores han dado un paso (no completo, pero peor es nada) en la eliminación del fuero. Si todo camina bien en la cámara de Senadores, ya no habrá protección para todos aquellos políticos corruptos que se cobijaban en su fuero para burlar a la justicia. Un excelente signo.

Ahora bien, no se pueden echar las campanas al vuelo por lo anteriormente mencionado (y lo que el lect@r recuerde), ya que para que se reúna un conjunto de signos de combate a la corrupción que establezca un síntoma, falta mucho.

La duda (que sólo el tiempo resolverá) es si la postura de Enrique Peña Nieto contra la corrupción, será un sello de su gestión y la lleve a instituirse como una acción institucional más que de voluntad presidencial; o bien, a que dichas acciones sean de relumbrón o peor aún, a que, como lo hicieron los panistas, sólo estén desplazando a un grupo de corruptos para instalar a otro, pero de los predilectos del presidente en turno.

¿Por qué? Porque al ver justamente los cuatro sucesos que mencioné, me surgen las siguientes preguntas:

¿Se imagina controlar el sindicato más grande de Latinoamérica?
¿Se imagina mantener a raya y bajo amenaza a los gobernadores que tengan cola que les pisen (¿todos? quizá)?
¿Se imagina tener el poder para someter a PEMEX con el simple amago de exhibirlos y ponerlos tras las rejas?
¿Se imagina tener a los opositores sin fuero, para sacarles sus respectivos expedientes y a cambio de no ir a la cárcel pasen toda iniciativa presidencial en las cámaras?


Si se tiene todo eso, se tiene todo.

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