miércoles, 26 de junio de 2013

El año nuevo de la comunidad bengalí en Roma

Jorge Diaz

Niñas de la comunidad bengalí, en Roma.
Niñas de la comunidad bengalí, en Roma.

Karla GuajardoRoma, ITALIA
Escrito por Karla Guajardo




La comunidad bengalí ocupa el décimo quinto lugar de los grupos inmigrantes en Italia, con 89 mil 900 residentes (más los ilegales) por lo que es difícil que pasen desapercibidos en la grande y caótica metrópoli de Roma. 

Desafortunadamente la mayoría de las personas suele confundirlos con quienes provienen de Bangladesh, India, Pakistán, Sri Lanka y Nepal, tan sólo por la falta de observación y curiosidad de la diversidad cultural que se mueve en el país.

Sin embargo muchas fiestas importantes de todas esas naciones siguen las festividades de las mismas fechas del calendario antiguo, es decir el hindú, por lo que se reúnen para festejarlo juntos.

La fecha real de su año nuevo, mejor conocido como Pôhela Boishakh, fue el 14 de abril, día en que inició el año 1420, pero al encontrarse fuera de su país, con una dinámica de vida diferente a la que tendrían en su tierra, decidieron festejar durante los fines de semana de un mes y medio.

En el caso de Roma, la comunidad bengalí escogió para su festividad un parque de los más grandes que hay en la ciudad y de los que son menos usados por el gobierno local.

Probablemente, como en muchas culturas, el año nuevo es para ellos una fiesta importante de bienvenida, llena de ilusiones y de nuevas expectativas para empezar el año con el pie derecho. Paralelamente esta fiesta se convierte en una actividad económica de las más importantes de su comunidad.

Entrando al parque para vivir de cerca esta festividad, no pude evitar sentirme extranjera… En realidad extranjera lo soy, pero me vino un sentimiento de estar en Bangladesh, ese sentimiento en el que el cerebro automáticamente nos dice que "no nos podemos comportar como Juan
por su casa".

Empecé a ver a  todas las mujeres y niñas vestidas con su sari de gala, bien maquilladas y arregladas con aretes y collares extravagantes que cuando las tiene uno de frente, enseguida se les quiere tomar una foto para inmortalizar ese bello contraste de colores y vestidos exóticos para nuestra cultura.

Pero no se siente uno con esa libertad que se tiene fuera del parque, al cruzar la calle. No, no puede hacerlo uno de manera espontánea. En muchos casos se les tiene que pedir permiso y ellas, a su vez, en pocos casos (afortunadamente), pedir autorización a sus maridos, y cuando por fin llega la respuesta positiva, ya se perdió toda espontaneidad en la fotografía, así que mi estrategia fue pedir permiso, hacer que "la virgen me hablaba" para que ellos mismos se olvidarán y cuando estaban distraídos, dar el clic…  ¡Ahí encontré la foto!

Imaginaba que Bangladesh, al igual que la India, suelen cocinar con muchas especias, pero para mi sorpresa utilizan mucho el picante, así que fue un deleite probar algunos platillos que elaboraron que entre grasita, picante y usar los dedos como cubiertos, me recordaron a mi y a mi estómago las apreciadas garnachas del puestecito de la esquina de nuestro querido México.

La gran atención del día la tuvo un juego entre hombres jóvenes, sin ninguna presencia femenina (excepto una amiga y yo), del que poco entendí, pero que parecía ser algo así como "tochito bandera", pero tan sólo tocando alguna parte del cuerpo.

Posteriormente inició el tan esperado concierto que abrió con un espectáculo de baile folklórico, representado inicialmente por niñas que de pies a cabeza eran la viva imagen de las tradiciones bengalís, tales que invadieron el escenario de una basta presencia femenina como la principal vitrina de la larga noche que continuó hasta las horas de la madrugada.

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