lunes, 8 de julio de 2013

La misteriosa calavera aulladora de Bettiscombe Manor

Rocío Moreira

La calavera de Bettiscombe
La calavera de Bettiscombe.
Rocío Moreira. Inglaterra es uno de los países que cuenta en su haber con una gran cantidad leyendas relacionadas con fantasmas y apariciones. Algunos de los relatos más conocidos y difundidos a través del mundo entero involucran a auténticos cráneos humanos, conocidos como Screeming Skulls o calaveras aulladoras.

Una calavera aulladora es un cráneo humano, cuyo origen es incierto y al parecer su presencia puede provocar desgracias y fenómenos de tipo poltergaist, pero su principal característica es la de poder gritar cuando se la desplaza de su lugar de reposo.

Una de las más famosas calaveras reside en Bettiscombe Manor, en el condado de Dorset; existen varias leyendas acerca de su procedencia, pero la más conocida y difundida relata que en 1685 el propietario de la casa era un hombre llamado Azariah Pinney quien participó en la rebelión de Monmouth para derrocar al rey Jaime II; al fracasar la revuelta, el terrateniente fue desterrado a la isla de Nevis, donde logró convertirse en un próspero hombre de negocios gracias a la caña de azúcar.

Al morir éste hombre todas sus propiedades fueron heredadas por su nieto John Frederick Pinney, que se había criado en Bettiscombe; al viajar a Nevis para tomar posesión de su herencia, el heredero quedó horrorizado por el sistema de esclavitud establecido por su abuelo y las condiciones en las que se encontraban los esclavos en las plantaciones, así que decidió ceder su legado a su primo John Pretor y regresar al Reino Unido llevando consigo a un esclavo negro quien le hizo prometer que lo enterraría en su tierra natal; pero al morir el sirviente, John faltó a su promesa y lo enterró en el cementerio de Bettiscombe. A partir de entonces y por varias semanas, los sueños de los moradores de la mansión se vieron acechados por quejidos, gritos y golpes escalofriantes. Pinney supuso que se trataba del alma en pena del esclavo así que ordenó exhumar el cadáver y lo depositó en el desván de la casa con lo que todos los fenómenos paranormales cesaron.

Fue hasta 1963 cuando el propietario de Bettiscombe Manor, un arqueólogo de nombre Michael Pinney decidió hacer examinar el cráneo por el patólogo Gilbert Caussy, quien determinó que la calavera tenía una antigüedad de entre 3,000 y 4,000 años, y había pertenecido a una mujer, con lo que se descubrió que la leyenda del esclavo había sido una invención.

La otra parte de la leyenda aún no ha podido ser desmentida, ésta relata que la calavera se muestra reacia a salir de la mansión, puesto que las veces que se ha intentado desplazarla, toda la comarca fue víctima de las consecuencias, desde terribles tormentas que destrozaban los cultivos, pasando por enfermedades que llevaban al ganado a una muerte inminente, hasta el deceso de alguno de los propietarios de la casa, eso sí, sin olvidar los estridentes gritos que el cráneo emite al verse distanciado de su hogar, que según algunas versiones, son muy similares al chillido de un ratón.  

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