sábado, 13 de julio de 2013

Los comicios de Baja California

Liébano Sáenz

En la vida, el mejor amigo del hombre es el perro; en la política, el chivo expiatorio

Liébano Sáenz. Como toda elección relevante, la de Baja California es digna de reflexión y análisis. La generosidad del triunfo es inversamente proporcional a la de la derrota. En el momento, los juicios son severos y concluyentes para quien pierde y para quienes le acompañan. Los datos oficiales preliminares presentan un resultado que pudo ser distinto si 15 mil ciudadanos que votaron por el candidato que presuntamente ganó lo hubieran hecho por el otro. Sin duda, una lucha que se extendió hasta el último minuto de la contienda.

El PRI y sus candidatos hicieron una muy buena campaña. En datos agregados superaron con claridad a la alianza del PAN y PRD en el estado en la elección de ayuntamientos. El candidato del PRI, Fernando Castro Trenti, hizo un formidable esfuerzo, enfrentando adversidades fuera de su control, desde el pernicioso y falso rumor de una elección pactada, como el de un criterio inequitativo del IFE en la publicidad de radio y tv.

En ninguna campaña el suelo es parejo y menos cuando se es oposición y el gobernador en funciones tiene buena aceptación, como fue el caso. Esto tiene que ver con los hábitos y costumbres como oposición y también con los actores intermedios, quienes tienden a apoyar al partido gobernante. Aún así, Fernando Castro Trenti realizó una campaña exitosa a pesar de que al final todo se define de manera implacable con un se gana o se pierde, en esto no hay puntos medios. Ganar absuelve de pecados y culpa, perder condena. Así es el juego y así hay que asumirlo. Muchos olvidan que el candidato y el PRI eran la oposición en un estado gobernado por el PAN por 24 años y ahora competía aliado al PRD.

Un aspecto que merece atención se refiere a los estudios de aproximación del resultado de la elección llamadas encuestas de salida y conteos rápidos. Medios, partidos y órganos electorales los contratan para tener una idea anticipada sobre el resultado formal de la elección. Una “idea” significa que estos estudios, por su naturaleza, son una aproximación al resultado; hay un error estadístico derivado del tamaño de la muestra y un error de campo que resulta de una serie de condiciones, especialmente, la predisposición de los encuestados a responder con veracidad sobre el sentido de su voto.

Precisamente por ser estudios de aproximación es recomendable, como fue la insistencia de GCE, que se tengan tres encuestas concurrentes. Con ello quien contrata estos servicios puede tener una mejor idea para moderar su criterio sobre el resultado aproximado de la elección. Para nadie hay infalibilidad y por esta consideración es elemental no tomar la decisión con una sola investigación, en especial si quien contrata es un partido o un órgano electoral. GCE dio en su encuesta de salida con levantamiento en 400 secciones electorales, un resultado de 1.8 de ventaja al candidato a gobernador del PRI en un estudio con margen de error estadístico de 2.5 y en condiciones de un voto anulado de 8 puntos, esto es, electores que no quisieron compartir con el encuestador el sentido de su voto, lo que implica un factor de incertidumbre asociado al error de campo. El conteo rápido dio una diferencia de 2.74 a las 21 horas a favor del candidato de la coalición PAN-PRD. El 7 de julio GCE realizó otras ocho encuestas de salida para las alcaldías y algunas diputaciones, todas exactas sobre el resultado; la de gobernador de BC, todavía por esclarecer, habla de un empate técnico, como sucedió con otras mediciones públicas que tampoco se dieron a conocer precisamente porque les ocurrió lo mismo que a GCE, un resultado dentro del margen estadístico de error.

Varias encuestas de salida muestran un cambio en las intenciones de voto durante la jornada electoral. El estudio de GCE de mediodía tenía una ventaja del candidato del PRI de 3% con un voto anulado de 8.5 puntos. El informe del trabajo territorial del PRI durante la campaña llevaba al optimismo. Una fuerte inversión de esfuerzo se dirigió a ese terreno, a grado tal que, de acuerdo con ese informe que se nos compartió semanas antes de la elección, se habrían contactado un millón cien mil electores durante los días de la campaña. Si la mitad de esos promovidos sufragaba por el PRI, el triunfo estaba asegurado, incluso en un escenario de alta participación.

Para las 2 de la tarde la ventaja de 3 puntos había disminuido y ya se ubicaba en el umbral del empate técnico, situación que continuaría hasta el final de la jornada electoral. Esta circunstancia ofrece inferencias sobre lo que pudo acontecer y tiene que ver con la movilización de tierra de las estructuras partidistas, responsabilidad ineludible por la baja participación, inferior a 40%. Es evidente que el trabajo de movilización de la alianza gobernante (PAN-PRD) fue eficaz.

Es común que en los escenarios de resultados cerrados, candidatos y partidos salgan a declarar victoria. Estimo que el dirigente del PRI, César Camacho, hizo lo correcto, seguramente sabía que la elección estaba muy cerrada y era necesario un mensaje de respaldo inequívoco a su candidato a gobernador, de otra forma el rumor cobraría fuerza en detrimento de todos y todo. Por su parte, el candidato Casto Trenti tenía que mostrarse optimista en el momento crucial de recolectar la documentación electoral, fundamental para la defensa de sus votos. Hay que considerar las razones políticas de los actores en horas críticas y no caer en conclusiones simplistas.

El PREP reviste la mayor importancia. Fueron lamentables para la certeza electoral errores aritméticos injustificables que favorecían al candidato del PAN-PRD y disminuían al del PRI. Infortunadamente esto enturbió la elección e hizo necesaria la apertura de paquetes y esperar al cómputo final ya que el PREP perdió credibilidad.

Los ciudadanos, candidatos y partidos tienen derecho a conocer la realidad del resultado y el ganador tiene derecho a la legitimidad aunque la diferencia de votos sea pequeña. En una elección cerrada la certeza no ocurre al cierre de casillas. Además, cuando el PREP pierde confiabilidad ésta debe valorarse a lo largo de los cómputos y, si es el caso de insatisfacción, están las instancias judiciales para llegar a la certeza sobre la decisión libre de los electores de Baja California. 

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