martes, 24 de diciembre de 2013

El equilibrio necesario

Jorge Diaz

Es cada vez más frecuente escuchar y leer a expertos analistas, sobre las posibles razones de la urgencia del gobierno federal para sacar adelante las reformas más importantes en el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto.

Sin duda, una de las razones es la electoral; sin embargo, no será materia de análisis en este texto. Donde me quiero detener, es en lo que muchos coinciden en llamar el “endurecimiento” por venir de las acciones del gobierno hacia la percepción (lastimosa) de la falta de autoridad que priva a lo largo del territorio nacional, heredado en gran medida de la docena trágica de los gobiernos panistas. Dicen que será en 2014 y ya casi llegamos.

Sin duda, todos anhelamos un estado democrático, fuerte, justo y por encima de los intereses de otros grupos pero ¿a qué precio? ¿Está preparado el gobierno para mostrar mano dura contra quienes alteran nuestras vidas, pero con el equilibrio necesario? ¿Qué está dispuesto a poner de su parte el gobierno para que no sea sólo un acto de autoritarismo?

Es innegable que grupos políticos expertos en el chantaje, la estridencia y la extorsión, así como grupos criminales y otros que bien a bien no se sabe a qué intereses responden, han hecho no sólo a comunidades sino a los tres niveles de gobierno, rehenes de sus agendas políticas, económicas y de poder.

La percepción que priva entre los mexicanos, es la de una debilidad gubernamental y una complicidad de policías y autoridades con diversos grupos criminales, que mueve al temor de verse perjudicado de una u otra forma en cualquier momento. Por otro lado, nadie en su sano juicio, puede pensar que los partidos políticos gozan de estima y excelente percepción por parte de los ciudadanos; por el contrario, la ciudadanía tiene una opinión muy mala respecto de ellos, sobre todo cuando se trata de la salida a la luz pública de actos de corrupción que permanecen impunes y la difusión de manifestaciones violentas y bloqueos que trastornan la vida de la mayoría. Nadie se salva, México ya está harto de muchas de las cosas que están ocurriendo al interior de los partidos sin la respuesta firme por parte de las autoridades competentes.

Así pues, no habría sorpresa alguna si como resultado de sondeos realizados entre la población, se descubriera que una de las principales demandas es la de meter en cintura a los grupos que alteran no sólo la cotidianeidad, sino hasta el sueño de la mayoría. Por lo tanto, es cada vez más frecuente leer y escuchar a especialistas, advirtiendo sobre la posibilidad de la aparición del “endurecimiento” del que hablaba al principio.

Por si fuera poco, esa advertencia en sí misma, es otra alarma que se prende entre nosotros, la posibilidad de una mano fuerte y firme contra todo aquel que altere el orden, sin el contrapeso necesario, podría traer consecuencias aún más graves.

Me explico; entre otras cosas, el gobierno ha obtenido lo que quería, las reformas, ya no hay que ceder ni quedar bien con nadie. Además, no hay reelección y por tanto, lo que se persigue por parte de la mayoría de los mandatarios, es abrirse una puerta en los anales de la historia como un gran líder y estadista, por lo que sería muy atractivo para Peña Nieto ser él quien de una vez por todas, disminuya considerablemente el desorden en el que estamos metidos mediante el uso de la fuerza.

Y no es que me oponga a ella, pero considero necesario y urgente que de tomarse decisiones en ese sentido, éstas vengan acompañadas de acciones certeras y suficientes contra la corrupción en todos los niveles de gobierno y sus dependencias, que se vigile al máximo las manos de todos los involucrados en el otorgamiento de concesiones, licitaciones y/o adquisiciones de cualquier naturaleza derivadas de las nuevas reformas y de la aplicación de mecanismos de control que sean prácticamente imposibles de burlar. Sin eso, la balanza se decantaría a un solo lado y el remedio podría resultar peor que la enfermedad, los ciudadanos sólo percibirían la mano dura del gobierno pero confirmarían sus sospechas sobre la complicidad por parte de las autoridades, para que los abusos en materia de corrupción sigan impunes. El buen juez por su casa empieza, dicen. Esa es la verdadera oportunidad de Peña Nieto para pasar a la historia: atacar de forma integral este desorden y no sólo una arista.

Para seguir de cerca


Las más recientes declaraciones de Osorio Chong en sentido de que la tolerancia gubernamental tiene su límite y este se llama “firmeza” ¿qué quiso decir? ¿Qué viene?

¿Ya ven a qué me refiero con encender las alarmas? ¿El gobierno sabe lo que dice? ¿Nos va a ofrecer un equilibrio en sus actos de dureza? ¿Volteará a todos lados o sólo verá con un ojo?

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