domingo, 29 de diciembre de 2013

Porque no podía andar, voló

Concha Moreno

Liz Gómez es una luchadora nata.
Liz Gómez es una luchadora nata.
Concha Moreno. Acaba el año y, queramos o no, en algún momento nuestro pensamiento recorre el año imagen a imagen. Propósitos cumplidos o no, triunfos, fracasos, alegrías, tristezas… todo se acumula en el maremagnun de pequeños o grandes detalles que han poblado los últimos 365 días de nuestra vida. La mayoría de nosotros contamos con nuestros brazos y piernas para pelearnos las situaciones, escuchamos, vemos… pero ¿alguna vez pensamos cómo actuaríamos si nos faltara uno de nuestros miembros? ¿Y si fuéramos ciegos? ¿Y si no oyéramos? ¿Y si no pudiéramos hablar?

Vemos invidentes cruzando la calle, en el metro. Su bastón parece tener ojos. Vemos sillas de ruedas empujadas con gran dificultad por lugares casi inaccesibles hasta para las personas que tienen la movilidad intacta. Su vida es un reto continuo, día tras día, mes a mes… Su fuerza de voluntad les hace superar todos los obstáculos.

En esas circunstancias están los 5.7 millones de personas que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, padecen algún tipo de incapacidad en nuestro país. Y no es ayuda, precisamente, lo que más reciben. Al contrario, parece que se les ignora. Al menos, desde la administración. Si nos atenemos a los resultados de la Enadis (Encuesta Nacional sobre Discriminación) 2010, siete de cada diez personas opinan que los derechos de las personas con discapacidad no se respetan o sólo se hace en parte.

De la población con discapacidad, únicamente el 39% tiene un trabajo remunerado y, de esa cifra, sólo el 19,1% obtiene los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades. Esto nos habla a las claras de la calidad de empleo a la que tiene acceso este colectivo.

En cuanto a los apoyos que recibe del Gobierno, al 78% le resulta difícil o muy difícil acceder a ellos; y sólo el 33% cree que la atención que les brinda los servicios de salud es suficiente.

Salvando obstáculos


Para las personas con problemas de movilidad las barreras arquitectónicas son el gran problema que pone freno a su integración social. En febrero de 2011, la Muestra Nacional de Accesibilidad en Inmuebles de la Administración Pública Federal, dejó patente que sólo el 10% de los edificios públicos de los tres órdenes de gobierno en la capital y los estados, son accesibles para ellos. En un alarde de, vamos a decir entusiasmo, establecieron como meta que, en 2012, el 90% de las instalaciones del Gobierno Federal cumplieran ese requisito y que el 100% de los hospitales de la Secretaría de Salud contarán con intérprete de lenguaje de signos. Está más que claro que todo quedó en intenciones.

No obstante, el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas Discapacitadas, Conadis, dio a conocer en julio pasado sus políticas de integración ante la ONU, ufanándose de estar trabajando en un programa para esas personas incluido en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 que se pondrá en marcha en abril de 2014. Jesús Toledano Lardero, nuestro representante en la Convención de las personas con Discapacidad, aseguró que la administración actual “ha asumido como un compromiso primordial en su agenda de trabajo la consolidación de lo expresado en la Convención, con el fin de que se apliquen en las políticas públicas, los derechos para este colectivo”. También dijo que, dentro de la cruzada nacional contra el hambre, está previsto proporcionar ayuda alimentaria y “medios adecuados para una vida productiva” a familias con discapacitados, que, solamente en los 400 municipios donde llegará la campaña, se estima que hay dos millones.

Sin embargo, y a pesar de todos los problemas que enfrentan, esas personas consiguen una integración casi total. Es tal su espíritu de superación, que su discapacidad pasa a un segundo plano en su vida.

Una de ellas es la poblana Liz Gómez Calderón, una mujer de 35 años y madre de una niña de 7, a quien un accidente dejó en silla de ruedas a los 14 años. Sus apoyos desde el primer momento fueron su familia y sus amigos. Una vez recuperada de las heridas, se incorporó al colegio teniendo muy presente la advertencia de su padre de que “debía estar preparada para la mala actitud de mucha gente, basada, muchas veces, en su ignorancia”. Asegura que éste es uno de los grandes consejos que ha recibido.

Por supuesto, la falta de accesibilidad fue el primer reto al que tuvo que enfrentarse, puesto que uno de los grandes problemas es que las ciudades están diseñadas para las personas regulares. Un diseño diferente en el acceso a escuelas, lugares públicos, oficinas, etc., permitiría el acceso a TODOS.

Opina que, el avance insuficiente en ese terreno provoca la invisibilidad del colectivo, “mucha culpa es nuestra, que no luchamos por hacer valer nuestros derechos” y que necesitan hacerse visibles “para que los funcionarios se den cuenta que somos también consumidores y queremos divertirnos y hacer las actividades que cualquiera realiza, como trabajar, viajar y transitar por las calles”. Está convencida de que si consiguieran acabar con los problemas de acceso, “la inclusión en la sociedad estaría asegurada”.

Liz confiesa que se siente afortunada por las oportunidades que ha encontrado en la vida y que la mayoría no tienen, ya que, en muchas ocasiones “el freno para poder desarrollarnos, está dentro del mismo núcleo familiar”. A ella le apoyó su familia y, tras conseguir ser independiente, se atrevió a casarse y ser madre.

Como los demás 

 

Desde el micrófono de “Sin barreras”, Liz anima a los discapacitados a no dejarse marginar.
Desde el micrófono de “Sin barreras”,
Liz anima a los discapacitados a no dejarse marginar.
“Estoy luchando porque no se nos vea como enfermos, tontos, incapaces, mal hechos; porque no lo somos”, afirma tajante. Y asegura que el no poder caminar, para ella, es una característica como “tener un lunar”. Su silla de ruedas es “como si usara una bicicleta”, y asegura que ni es infeliz ni “padece” la discapacidad… “tuve novios como cualquier chica de mi edad, salía a divertirme, tenía amigos”. Por ello, está convencida de que lo único que hace falta es el respeto, “para que nos vean como alguien más y no como un tipo de personas diferentes”.

No considera un problema el que no pueda levantarse de la silla y caminar, porque siempre ha podido hacer lo que se ha propuesto. Trabaja en CINIA, una empresa totalmente incluyente, en la que el mayor porcentaje de empleados tiene algún handicap, ya sea motriz, sensorial o intelectual, pero reconoce que hay demasiada gente que no puede acceder a un trabajo y se ve obligada a mendigar si no consigue alguna de las escasas ayudas del DIF.

Uno de los sueños de Liz era llegar a ser artista, no de la TV, ni del celuloide, pero sí en otros campos. Los comienzos fueron muy duros. Hoy presenta el programa “Sin Barreras”, junto a Gloria Mejía, en la emisora Puebla FM. Además, es una reconocida profesional de las artes plásticas.

Se matriculó en el Instituto de Artes Visuales del Estado en el año 1997 y fue allí la primera vez que se enfrentó a la discriminación. El director le pidió que se fuera a estudiar a otro centro, para no tener que reordenar algunos espacios. Ahí, asegura, empezó su lucha por sus derechos “como ciudadana”. Y contó con el apoyo de la SEP (Secretaría de Educación Pública), de los alumnos, y de los profesores. Gracias a ellos pudo concluir sus estudios en el citado instituto.

Desde hace años produce obra pictórica y esculturas, con las que ha montado ya ocho exposiciones. La primera muestra data de 1999, y la última de este año que concluye. Puebla, Morelia (Michoacán) y Tepatitlán (Jalisco) son las ciudades donde se han podido ver sus trabajos hasta ahora, aunque 2014 viene preñado de proyectos para esta mujer dispuesta a colgar sus cuadros y colocar sus esculturas en cualquier localidad del país.

Tampoco desdeña participar en cualquier actividad que sirva para dejar claro que tener este tipo de problemas no es un impedimento para formar parte de la sociedad productiva. Lo dejó claro en la última conferencia que impartió en Puebla, dentro de la II Feria de Integración para Personas con Discapacidad.

Para el año que está a punto de comenzar, Liz tiene puestas sus esperanzas en que se materialicen varios proyectos que pueden ver la luz en algunas universidades y, muy posiblemente, en galerías. Lo que es seguro es que su pintura formará parte de la presentación del libro de poesía erótica de Gloria Mejía "Con la Luna en el Ombligo". Y lo que es aún más seguro, es que su silla de ruedas seguirá siendo la bicicleta que la traslade a cualquier lugar, con o sin barreras, como si sus piernas pudieran pedalear. Su entusiasmo y su decisión son sus motores. Y podría volar. 
 
Sin miedo a nada.
Sin miedo a nada.
Autor: Liz Gómez.


Al calce


La labor de CINIA
CINIA cuenta con cinco áreas de trabajo: textil, artesanía, gastronomía, limpieza y jardinería. Las dos últimas prestan servicio a empresas y particulares, así como a dependencias del gobierno. La de gastronomía suministra alimentos a varias universidades y, a la vez, elabora productos que vende en La Trastienda, un local propio en el que también se pueden encontrar productos y objetos de otras organizaciones. En cuanto a la actividad dedicada a la artesanía, destaca la producción de globos de Cantoya, que han servido para hacer lanzamientos tan espectaculares como el del 16 de diciembre de 2012 en Puebla, donde se soltaron 16 mil globos y se batió un record Guiness. El área textil trabaja a maquila para empresas confeccionando uniformes de todo tipo, ropa de trabajo y muñecas.
Globos de Cantoya: http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=NC5BHFzY2ew

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