Jorge Diaz. Cuando se es niño, más de una ocasión escuchamos de boca de la mamá, la abuela, tía o vecina, una frase: “solo por hacer la maldad”. Quizá lo entendemos muy bien desde el principio, pero si no, vamos comprendiendo el significado conforme crecemos.

Si se pregunta por qué el compañero en la primaria, sin motivo alguno, puso un chicle masticado en el asiento del profesor(a) para que éste se estropeara la ropa, la respuesta es: “solo por hacer la maldad”.

El tiempo pasa y uno se pregunta por qué la palomilla del barrio se empeñó en “grafitear” la pared recién pintada del vecino de la esquina, que con mucho esfuerzo y ahorros, pudo llevar a cabo su deseo de embellecer la casa después de años, la respuesta es simple: “solo por hacer la maldad”.

¿Y las banquetas de concreto recién hechas por el municipio, estropeadas inmediatamente después de ser coladas con las huellas de más de un ocioso? “solo por hacer la maldad” ¿verdad?

Luego uno crece y ve que en las ciudades atestadas de coches, muchos conductores a sabiendas de que la luz roja esta por aparecer en el semáforo (puesto que la luz amarilla se lo indica) avanza ya sea, para pasarse ilegalmente poniendo en riesgo a muchas personas o bien, para quedarse atravesado en el camino y no permitir el libre paso a los otros carros. Uno aprende que cuando en un partido de futbol el arbitro detiene el juego, el jugador “profesional” que se siente perjudicado por tal decisión, pateará la pelota lo más lejos posible para que el contrario pierda tiempo y sorpresa, al cobrar la falta a su favor. Todo esto, es fácil de comprender, si lo explicamos de la siguiente manera: “solo por hacer la maldad”.

Uno atestigua que cuando un político pierde inobjetablemente las elecciones, hará todo lo posible por mancharlas, enrarecer el clima político y polarizar a la población. Que si otro político es acusado de tener vínculos más que sospechosos con empresas y personajes que inclinarían la balanza a su favor, haciendo inequitativa la competencia política, éste se empeña en hacerlo aun más evidente para regodearse de su intocabilidad. Y que si el gobernante es cuestionado ampliamente por su legitimidad, se aferrará a políticas que, según el clamor popular y los resultados tangibles, no debería sostener, él lo hará con más ahínco para dejar bien claro que tiene el poder “haiga sido como haiga sido”.

¿Y todo por qué? “solo por hacer la maldad”.

Luego, aterrorizados, nos enteramos que un imbécil entra a un cine con un arma de fuego para disparar al aire y sorprendidos, nos damos cuenta que la bala impactó en la cabeza de un inocente de 10 años y acabó con su vida. Seguramente, el imbécil que anda suelto actuó simple y llanamente “solo por hacer la maldad”. Cuánta maldad.

email: jorgediaz@live.co.uk
Twitter: @adejorge
Facebook: http://www.facebook.com/JorgeDiazElizondo
Google+: http://gplus.to/JorgeDiazElizondo
Artículo Anterior Artículo Siguiente