Trump y la cancelación del TLCAN
Lo de la semana pasada no fue sino una pequeña prueba. Una advertencia. La “pequeña” debacle que sufrieron los mercados en los países miembros del TLCAN, ante el reporte de que el gobierno canadiense estaría convencido de que Trump podría cancelar el acuerdo de un momento a otro, no tenía —en realidad— mucho fundamento. Pero nos deja algunas lecciones.

Trump no puede cancelar el tratado: de haber podido lo habría hecho hace meses. Y no ha podido por dos razones: la primera, porque en las circunstancias actuales le resulta demasiado costoso; la segunda, porque no se han concretado, hasta el momento, las condiciones que lo podrían hacer estrictamente necesario.

Esto podría cambiar en cualquier instante. Los costos que —hasta el momento— ha procurado evitar el Presidente norteamericano, podrían resultar asequibles si los beneficios son lo suficientemente atractivos: así, conforme se aproxima la elección intermedia —en noviembre— la cancelación del tratado se convierte en una carnada cada vez más jugosa para atraer a los demócratas de Bernie Sanders, quien está exigiendo de Trump que haga efectiva una cancelación que —hay que recordar— fue parte de su propia plataforma de campaña frente a Hillary Clinton. La alianza no es nada despreciable: los votantes de Sanders, junto con la base dura de Trump, podrían resultarle suficientes para garantizar la reelección en 2020. Las circunstancias, y lo que está en juego, hacen que el costo parezca cada vez más pequeño.

Trump, por otra parte, ha dejado claro que prefiere tomar cualquier decisión sobre la cancelación del TLCAN hasta después de la elección mexicana. Las razones se pueden adivinar: quiere utilizar la salvación del TLCAN para influir en el proceso electoral, prometiéndola al candidato que mejor se adapte a sus planes. La negociación del TLCAN será como el premio de su nuevo programa de concurso. Pero no sólo eso: otra razón es que con la prórroga en el plazo adquiere tiempo para resolver los problemas que cada vez le resultan más cercanos, al mismo tiempo en que comienza a negociar con Sanders y exigir el apoyo de sus seguidores, quienes ahora tendrán que sentarse a conversar con un aliado que, con certidumbre, hubieran preferido no tener que apoyar jamás.

Existe otro factor que podría detonar la cancelación del TLCAN, como se mencionaba líneas arriba. Donald Trump podría cancelar el tratado, sin importar los costos a pagar, si esto le resultara estrictamente necesario. Trump puede encontrar en la cancelación abrupta y patriotera del TLCAN la cortina de humo necesaria para distraer a la opinión pública de la investigación que, sobre el involucramiento de Rusia en la elección de 2016, conduce Robert Mueller. Trump se ha servido, en el pasado, de anuncios estridentes para cubrir otros asuntos que son de su interés: es un patrón que ha repetido de manera constante y que podría utilizar, de nuevo, si la investigación llegara a su familia o círculo más cercano. La cancelación del TLCAN podría ser un gran distractor, de resultarle necesario.

El anuncio del gobierno canadiense de la semana pasada, en el sentido de que creía inminente el anuncio de la salida del TLCAN por parte de EU, difiere de las señales emitidas por la Casa Blanca y parece, más bien, destinado a ser una advertencia. Una advertencia para Donald Trump sobre el efecto que sus medidas tendrían en los mercados —al parecer el único indicador que sigue más allá de sus propios índices de popularidad— pero una advertencia que, también, debería de ser escuchada en nuestro país. Hoy, más que nunca, es necesario elevar el nivel de debate e involucrar a los precandidatos en la toma de las decisiones que, a final de cuentas, les tocará implementar como gobierno, vigilar como oposición o sufrir como ciudadanos: de acuerdo con algunos cálculos, una mala negociación podría traducirse en una devaluación de entre el cinco y el diez por ciento. Lo que se negocia puede representar el éxito o el fracaso para quien ocupe la titularidad del Ejecutivo en unos meses: más allá de las precampañas, ¿podríamos ocuparnos, por un momento, de lo importante?


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