Habemus Cardenal: un regalo de Pentecostés
«Muchos prometen períodos de cambio, nuevos comienzos, renovaciones portentosas, pero [...] ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre. El cambio del Espíritu es diferente: [...] nos hace libres por dentro.» [Homilía del Papa Francisco en Pentecostés, 20/05/2018]

Era el Día de Pentecostés, el quincuagésimo del Tiempo de Pascua de Resurrección de Jesús. Los discípulos del Maestro estaban reunidos cuando «se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente [...]. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas [...] posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo.» [Hechos, 2: 2-4]

Ese «viento impetuoso de Dios [que] cambia la realidad [y] cambia los corazones» como Francisco describió en su homilía, llegó como regalo para Bolivia de un nuevo cardenal, Toribio Ticona Porco, el tercero en Bolivia —el primero fue José Clemente Cardenal Maurer en 1967, seguido de Julio Cardenal Terrazas Sandoval en 2001— y el primero indígena altiplánico. Un “príncipe de la Iglesia” que cumple las palabras de Jesús que describe San Mateo [20:16]: «los últimos serán primeros, y los primeros, últimos» porque fue lustrabotas, revendedor del periódico Rebeldía, minero en Chacarilla (donde fue alcalde durante 14 años a falta de otra autoridad y la empresa minera que allí operaba cometía abusos), mecánico automotriz, ayudante de albañil, trabajó en la cervecería de Potosí; por defender la causa de los pobres, como sacerdote, fue encerrado «pero todo lo hemos hecho por el Señor».

Nacido cerca del cielo, en Atocha, hace 81 años, desde 2012 prelado emérito de Coro Coro, donde habitó y sirvió a la Iglesia durante 20 años, por su edad no podrá ser elector en un próximo Cónclave, lo que comparte con dos nuevos purpurados: el mexicano Sergio Obeso Rivera y el español Aquilino Bocos Merino; el otro nuevo cardenal latinoamericano es el peruano Pedro Barreto Jimeno. También fueron nombrados un iraquí, un español, tres italianos, un malgache, un polaco, un paquistaní, un portugués y un japonés, confirmando la universalidad de la Iglesia. Con estos nombramientos, la Iglesia Católica tiene 227 cardenales, de ellos 126 electores; latinoamericanos son 43 (22 electores).

El nuevo líder de la Iglesia en Bolivia ha sido elegido cuando el país se prepara para la canonización de su primera santa, la Beata Madre Nazaria de Santa Teresa (nacida Nazaria Ignacia March Mesa), fundadora en Oruro de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia en 1925, hoy en 21 países. Su obra evangelizadora ella la definió: «Quiero levantar a Bolivia de su postración, no quiero solo pan para sus pobres, ni repartir limosnas que se recogen de la caridad, sino elevar la dignidad de este pueblo, enseñándole a trabajar, procurándole trabajo digno, haciéndole sentir que en las manos de todos, y de cada uno, está el participar de la belleza, de la armonía, la dulzura y la felicidad de sentirse hijo de Dios.»

En una homilía del 9 de abril de 2016, el nuevo cardenal boliviano destacó: «Una de las características de nuestra Iglesia es el servicio a todos, pero con preferencia a los pobres. [...] El gobierno nos acusa de jerarcas y de colonizadores, pero eso no nos hace mella, porque nosotros seguimos anunciando el Evangelio. [...] El poder no es para aplastar a los demás, ni la economía para arruinar a las personas, ni la política para hacer lo que les da la gana. La economía, lo social y lo político deben estar al servicio del hombre y no a la inversa.»


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