¿Federalismo, división y equilibrio de poderes? II
La semana pasada analizamos cómo la división de poderes, genéticamente no es tal, y también, cómo institucionalmente, el legislativo y el judicial -a nivel federal-, están subordinados al poder ejecutivo; adicionalmente a lo señalado, hay un factor más que contribuye a esa subordinación: la cultura política.

Así como la semana pasada reflexionamos sobre la división de poderes y los contrapesos a nivel federal, ahora lo haremos con los gobiernos sub nacionales y la relación de éstos con los poderes federales.

Si bien, en los últimos años, -a nivel federal- se forjaron una serie de organismos constitucionales autónomos que tienen entre otras misiones acotar, transparentar y controlar las facultades del poder ejecutivo, sus réplicas en los gobiernos sub nacionales, o estatales, son caricaturas grotescas que funcionan como apéndices de sus respectivos gobiernos locales; son juguetes que están muy lejos de cumplir la función de contrapesos, propuestos en el plano teórico.

Por otra parte, en lo que toca a la división de poderes, la subordinación del judicial y del legislativo -como ya mencionamos- no sólo es genética, sino que, adicionalmente en casi todos los casos, hay una fuerte carga de vasallaje. Se trata de una relación entre señor y súbditos, patrón y asalariados.

Para algunos críticos, la cosa es aún peor: los poderes que deben ser contrapesos, son simplemente un circo, y para los dueños del circo, los animales sólo son actores de función; en semejantes condiciones, la división de poderes, en los hechos, no puede ser ni siquiera imaginable.

En el caso particular y exclusivo de los congresos locales, por lo menos hasta hace poco más de dos décadas, no tenían nada relevante qué ofrecer; poco después, con su pluralización, se escucharon algunos balbuceos de participación y propuestas, pero los gobiernos locales encontraron una manera rápida de domesticarlos: con dinero, dinero y más dinero.

En votaciones importantes, los gobiernos locales aplican con la oposición y sus vasallos aquella máxima que señala: “lo que puede comprarse con dinero, sale barato”; con el dinero suficiente, la oposición, la pluralidad y toda idea teórica de contrapesos se diluye, desaparece.

En semejantes condiciones los congresos locales, difícilmente todos en conjunto, podrán servir de contrapeso a la federación, cuando se trate o se voten reformas constitucionales a la Carta Magna de la nación.

Si bien, a nivel federal, durante los gobiernos del PAN (Fox y Calderón), los ejecutivos locales usaron su sindicato para extraer más rentas al federal, ahora las cosas están tan diametralmente opuestas: el presidente en turno del sindicato de gobernadores – y uno de los dueños del Partido Verde-, ha entregado en ofrenda al presidente electo, 5 diputados de su partido, que entonces nos podemos imaginar qué no harán con sus respectivos congresos, para no provocarlo a ira; serán todo…menos contrapesos.

En otro orden de ideas, el único espacio donde los gobiernos sub nacionales o estatales, y municipales, hacen una función semejante o parecida a un contrapeso, -pero más bien juegan a las contras-, es en materia de seguridad pública.

Estados y municipios han dejado de ser proveedores de los servicios de seguridad pública, y en no pocos casos, venden servicios de protección a otros actores; es por ello, en buena medida, que las estrategias de seguridad pública han fracasado sistemáticamente. En este contexto no habrá estrategia exitosa en esta materia.

Lo que no funciona, y nos ha llevado a un saqueo extremo de las arcas públicas, y con magros resultados en materia de seguridad pública, es ese indescifrable galimatías institucional que llamamos federalismo.

En materia de combate a la corrupción, el presidente electo –AMLO-, ya entendió que en ese galimatías radica el problema; pero no lo ha entendido en materia de seguridad, donde su futuro secretario del ramo, Alfonso Durazo, señala que no habrá mando único y que se fortalecerán las policías municipales.

Sí en materia de ejecución del gasto público, el presidente electo ya esbozó el mando único del súper coordinador de 32 coordinadores y 300 subcoordinadores; el Secretario de Seguridad Pública debe establecer un mando único semejante, ya que de no hacerlo, cualquier estrategia relacionada será fallida, como ha sucedido hasta la fecha; o bien, el súper coordinador, montará en su estructura una estrategia propia.

De instrumentarse ambas estrategias, la oposición vendrá de nuevo con el cuento del centralismo, con la narrativa del federalismo renovado, hasta que logre instaurar una Quinta República, aunque ya vimos que sólo es eso: un cuento.

Lo mejor, es cerrarle el paso a ese regreso elevando a rango constitucional el nuevo modelo, y construir la Cuarta República, sobre las bases de un Estado unitario y nuevas reglas democráticas.

El “lopezobradorismo” tiene la fuerza política para hacerlo, voluntad no sé; tanques pensantes, ni el país los tiene, sus cabezas son de otra época: intelectuales y académicos, son adoradores ciegos del federalismo, -aunque sea un cuento- no entienden otra cosa.

Nos saludamos la próxima semana.


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