Se consignan aquí cosas buenas, así que no lean
Siempre se puede decir algo acerca de cualquier cosa. ¿Somos el cuarto exportador de coches del mundo? Sí, pero se pagan sueldos de miseria. ¿Ha habido una gran inversión extranjera en los últimos años? Vienen a saquear el país, a llevarse nuestros recursos, a explotar a los mexicanos, a hacer grandes negocios a costa del pueblo, a sacar provecho abusivamente. ¿Ha crecido exponencialmente la clase media en México? No es cierto, aquí nada más hay una minoría de ricos muy ricos y el resto de la población vive en la miseria, la clase media está desapareciendo debido a las políticas neoliberales adoptadas por los últimos Gobiernos. ¿Somos una potencia industrial? Es porque se han instalado muchas corporaciones multinacionales que, además, no pagan impuestos. ¿Somos una potencia agroalimentaria que envía más de 30 mil millones de dólares de mercancías cada año a los mercados internacionales? El campo mexicano está abandonado. ¿Exportamos más manufacturas que todos los países de América Latina juntos? Es pura maquila, es por la mano de obra barata, no tenemos una industria verdaderamente nacional, no fabricamos productos propios sino que ensamblamos meramente las piezas importadas del exterior…

Sigan ustedes con su propia lista de refutaciones, estimados lectores, en ese ejercicio de sistemática denigración que tanto nos gusta a los mexicanos y del que tantos réditos sacan quienes, denunciando que la nación está “en ruinas”, nos prometen ahora que todo se va a transformar (aunque ya con algunas reservas porque no va a ser nada fácil recomponer las finanzas de una economía “en bancarrota”).

El catastrofismo es uno de los males de nuestras sociedades. Vivimos, de hecho, en la mejor de todas las épocas de la historia pero no queremos darnos cuenta de ello. En tiempos pasados, la enorme mayoría de la población mundial se encontraba en la pobreza, ahí sí, y la esperanza de vida de la gente era significativamente menor que la de ahora. Enfermedades como la poliomielitis o el simple sarampión causaban estragos, no había anestesia y a los individuos que pudieren proferir supuestas herejías los quemaban legalmente en las plazas públicas, a la vista de todos.

En fin, la postura más impopular de un articulista es la de consignar que algunas cosas andan bien. Pues, misión cumplida.

revueltas@mac.com
Esta columna es publicada con la autorización expresa de su autor.


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