Época de sueños
Es un gusto saludarle nuevamente estimado lector. Si usted ha leído los últimos ensayos, seguramente contará con las ideas básicas que le permitirán imaginar cómo podría materializarse ese Estado unitario del que venimos hablando en este espacio, y de la reforma al sistema de gobierno, así como el diseño de una nueva constitución, que serían la base para construir la cuarta república; la cuarta transformación de la que habla el ciudadano que fue electo presidente y que muy pronto entrará en funciones.

En el plano de las reformas constitucionales, imagine una reforma que diera por terminada la historia del Estado federal, con sus consabidos estados subnacionales y municipios, así como la forma en la que son electas sus autoridades, para dar paso a una nueva forma de organización política, donde el poder se concentrara en una sola autoridad política a nivel nacional, con facultades para nombrar y remover libremente gobernadores de provincias y sub provincias.

Si durante casi dos décadas, los partidos argumentaron que era voluntad del pueblo que el gobierno estuviera dividido, ¿acaso ahora el pueblo no ha manifestado que es su voluntad la concentración del poder en una sola persona?

Ahora, imagine un congreso nacional de una sola cámara, reducido en 80% de su tamaño, sin diputados plurinominales, sin sus inútiles centros de estudios, sin recursos qué ejercer, salvo la dieta, no mayor a la del presidente de la república, para 101 diputados que podrían reelegirse indefinidamente.

Imagine, que los medios de comunicación le proporcionarían cotidianamente la asistencia de su diputado, sus actividades en el pleno y su trabajo en comisiones, además le informarían también cómo votó cada iniciativa de ley o de reforma; y esto de cada uno de los 101 diputados.

Imagine, que sólo durante una semana, a manera de campaña política en medios de comunicación, los diputados expusieran sus razones para ser reelectos y la oposición sus argumentos para defenestrarlo; una semana, sólo una semana en tiempos del Estado, nada más, no habría campaña qué financiar.

Imagine, cómo ese congreso se profesionalizaría, y con una nueva fórmula de gobierno, pudiera hacerse de las funciones ejecutivas gubernamentales, a través de un mecanismo que sirviera a la vez para revocar el mandato de un presidente de la república, cuyo desempeño no lo satisficiera.

Imagine, una reforma a la constitución, que estableciera como forma de gobierno, un diseño alternante, donde pudieran cambiarse en el desempeño de las funciones ejecutivas, un modelo de gobierno presidencial y un sistema de gobierno parlamentario.

Imagine, que la constitución estableciera, que el gobierno de México, para evitar los gobiernos divididos, debía ser de dos motores -presidencial y/o parlamentario-.

Imagine, que cuando el partido del presidente obtuviera 51, o más de los asientos en el congreso, funcionaría el motor presidencial; pero cuando no sucediera así, la oposición en el congreso -51 o más de los diputados-, por mandato constitucional, tendían que coaligarse para formar un auténtico gobierno de coalición encabezado por la primer minoría de oposición al partido del presidente, un gobierno emanado del congreso, esto es, parlamentario.

Imagine, cómo los resultados de la elección a favor de unos o de otros, permitirían que se alternaran en el ejercicio del poder ejecutivo, un régimen presidencial y uno parlamentario.

Imagine, un posible presidente de la república que se quedara corto para satisfacer sus expectativas de elector, o de plano hubiera muchos indicios de que se tratara de una camarilla de bandidos –como ha sido- ¿ya imaginó qué pudiera hacer con su voto en la elección intermedia?

Seguramente, ese presidente perdería el respaldo que hubiera recibido de usted, y si la mayoría de los ciudadanos experimentara igual, -insatisfacción-, harían que entrara en funciones el modelo parlamentario.

Se trataría de una revocación del mandato presidencial, sin sobresaltos ni desestabilización política, sin costosas formas de organización electoral.

Sería una revocación en el sentido más amplio del término.

¿Ya se vio? Bueno.

Nos leemos la próxima semana.


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