La reforma del Estado III
En la entrega anterior dimos los elementos y las razones para construir un Estado unitario y también señalamos, que no necesariamente es un sinónimo de centralismo autoritario, también dimos algunos ejemplos de Estados unitarios que son democráticos.

Es necesario también hacer énfasis en que organizar un Estado con un arreglo federal y municipal, no es sinónimo de democracia, ni tampoco garantiza una clase política movida por la ética, en el caso de México, el federalismo y el municipalismo son depredadores, extractivos, expoliadores.

Si se quiere alcanzar la austeridad republicana que tanto se cacarea y se pretende contar con un dique institucional y efectivo contra la corrupción, no hay otro camino, que desmotar las estructuras que solo han producido en el caso de México, a los personajes más corruptos y voraces de nuestra historia, cualquiera de nuestros villanos (conocidos por la escuela) se quedan chiquitos.

Ahora bien, ese poder centralizado que se esbozó en el ensayo anterior debe ir acompañado de otra serie de reformas que lo hagan aceptablemente democrático; es un desafío que veo muy complicado, es arar en el aire en un tema que no se entiende, que no se estudia y tristemente creo que a nadie le interesa, no obstante, van algunas ideas, sígame con cuidado.

Esa concentración de poder que a muchos aterra, será de facto, con o sin reforma, algo semejante al gobierno del último presidente del México predemocrático; y si las cosas le salen bien, puede buscar con éxito lo que el atentado de la Bombilla le quitó a Obregón o ejercer el poder más allá de su mandato constitucional, como Calles.

Lo mejor será ir por la reforma del Estado y aderezándole otras que son necesarias para limitar ese hiperpresidencialismo que asusta a muchos y adicionalmente poner límites a la partidocracia, jubilar a una buena parte de los profesionales de la política y establecer mecanismos institucionales que permitan aminorar la corrupción. Veamos algunas ideas.

Si en el modelo unitario el centro del poder ejecutivo es único, el judicial debe ser único y el legislativo debe ser único, en este último caso, el poder legislativo único implica también una sola cámara, la que detenta la representación popular y, en consecuencia, la desaparición de la cámara que detenta la representación del pacto federal. El Estado unitario requiere de un Congreso unicameral a nivel nacional, nada más.

Otro ingrediente, sería la limitación del poder presidencial, promoviendo la fórmula propuesta por Giovani Sartori en su obra: Ingeniería Constitucional Comparada, que no es otra cosa que un sistema político con condiciones institucionales para que se alternen en funcionamiento un sistema presidencial y un parlamentario, eso es a lo que llama lo mejor de dos mundos, que, dicho sea de paso, es la mejor fórmula para limitar los excesos de ese hiperpresidencialismo que tanto se teme, la puesta en marcha de un sistema de gobierno alternante quiere de un Estado unitario, no puede aterrizar en un marco federal.

Otro ingrediente que se requiere es la reelección legislativa indefinida, que devuelva al ciudadano el poder que nos ex propio el ex Presidente Calles con la reforma de 1933 y que una vez, democratizado el régimen, sólo ha servido para engendrar esa partidocracia parasitaria que es muy cara y aporta casi nada.

Otro más, se requiere un rediseño del sistema de partidos que contemple campañas políticas cortas, no más de una semana, y la eliminación del financiamiento público; campañas cortas requieren de menos recursos, y de una semana en medios con tiempos del Estado, no hace necesario el financiamiento a los partidos.

Es tiempo de pensar en el rediseño del Estado Federal, cambiar la lógica de elegir a miles de autoridades que no sirven y terminar con un financiamiento público a partidos que no han dado los resultados que se prometieron, dejemos de jugar al progreso improductivo, inútil.

Nos leemos la próxima semana.


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