Reforma del Estado
En ensayos anteriores, nos referimos como característica distintiva de cada una de las tres primeras transformaciones de la nación, a una Constitución renovada y ajustes o rediseño del modelo de gobierno.

Para la Cuarta Transformación de la República además de lo anterior, debe plantearse también como uno de sus temas centrales, la reforma del Estado, lo cual, -por supuesto-, no es cosa menor.

Si la división de poderes, -como vimos también en los ensayos pasados-, es tan sólo de fabula, se deben diseñar necesariamente los mecanismos para que ésta se haga una realidad, y que sea efectiva, y que conecte con la ciudadanía.

Así, tal como el titular del ejecutivo cuenta con la legitimidad que le dan las urnas, el poder judicial debe sujetarse también al mismo procedimiento electivo; en el caso del legislativo, se debe reconstruir el vínculo que une a ciudadanos y representantes, y que a la vez, empodera al ciudadano: la reelección legislativa e indefinida, es el único medio.

Sin ella, el ciudadano vive despojado de ese poder y ese derecho, lo que hace fuertes y autoritarios a los partidos políticos por pequeños que sean; por eso, sus prerrogativas crecen todos los días: no hay autoridad ni instituciones que permitan someter a la partidocracia.

Sin un poder legislativo que esté sometido a la ciudadanía por el mecanismo de la reelección, sólo se puede engendrar partidocracia autoritaria, así como presidentes autoritarios, que mantienen bajo su dominio a una porción, o a todo el poder legislativo.

En el caso del poder ejecutivo federal, las condiciones en que obtuvo su victoria y la propiedad absoluta que detenta de MORENA, hacen difícil que sea sujeto de reformas que puedan acotarlo, y sea más eficiente; en este plano, no obstante de haber retrocedido casi un siglo, debemos construir o proponer la alternativa, que permita dar continuidad y estabilidad política posterior al “lopezobradorismo”, sin tener que regresar a alguno de nuestros modelos ya fallidos.

Por otra parte, es importante mencionar que en las circunstancias actuales en que se encuentra el país, el Estado requiere de una reconstrucción rápida, ante la amenaza real y pujante del crimen organizado, que en algunas vertientes ya lo rebasó y en otras está a punto de hacerlo: seguridad pública, justicia, empleo, obras de impacto social, servicios básicos, cobro de impuestos, derechos de tránsito, fiestas patronales, seguridad social, vivienda, funciones de banca y crédito, y un gran etc.; súmele lo que quiera.

En estas condiciones, no podemos seguir priorizando reformas políticas, encaminadas al fortalecimiento de la competencia y vida democrática; lo que se tiene que hacer -pero ya- es rescatar al Estado, rescatando su capacidad para garantizar por lo menos seguridad; pero con las fuerzas de seguridad atomizadas, -o trabajando para el enemigo-, en más de dos mil municipios y 32 gobiernos subnacionales (o estatales), seguiremos con los mismos resultados negativos de los cuatro últimos sexenios.

Gobiernos subnacionales (o estatales) y municipios, han dejado de cumplir sus funciones, entre otras razones, por la falta de capacidad, vínculos con la delincuencia organizada, desvío de recursos, desatención de sus obligaciones básicas, y en buena medida, el saqueo espectacular corrupto en todos los niveles. Las arcas de los gobiernos subnacionales y municipales, en su mayoría, en los últimos años, sólo han servido para financiar carreras políticas y acrecentar patrimonios particulares; para eso ha servido nuestro federalismo idolátrico desde que empezó a funcionar. No ha producido nada bueno, lo más visible: un campo inmenso, sembrado de cientos o miles de muertos.

Con la democratización y el funcionamiento del federalismo, nos sobran políticos voraces, nos sobran organismos electorales que en muchos casos, sólo han servido para empoderar a delincuentes, nos sobran partidos “hankianos”, y entre otros muchos, nos sobran estructuras de gobierno inútiles, cargadas de organismos fiscalizadores también inútiles.

Inútil y muy costoso, es todo nuestro diseño de gobiernos subnacionales y municipales, que dicho sea de paso, hacen muy poco por recaudar para las arcas públicas. El “lopezobradorismo” tiene la oportunidad de acabar con ese galimatías, que sólo produce corrupción e inseguridad pública.

La reconstrucción del Estado mexicano, requiere de forma urgente, de detentar el control único y absoluto de todas las fuerzas de seguridad pública; de otra forma, no podrá reconstruirse. Es la única vía para que regrese al Estado, el monopolio legítimo de la fuerza coercitiva; se debe crear una policía nacional, que absorba policías estatales y municipales.

El siguiente paso, es la mudanza del Estado federal al Estado nacional, unitario, y de eso… hablaremos más adelante.

Nos saludamos la próxima semana.


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