Y, aquí ¿quién es el que manda?
Pensar en todo lo que no sabemos, oigan. Hasta el periodismo de investigación, practicado por profesionales muy dedicados, se estrella contra los límites naturales de una realidad en la que los secretos se guardan, los testigos no declaran, los subalternos obedecen órdenes, los documentos desaparecen y las maquinaciones se ocultan.

Esto, lo de darle vueltas al tema de las cosas que ignoramos, me viene a la cabeza luego de leer las conjeturas y las presunciones que muchos de los colegas hacen sobre lo que pueda estar ocurriendo, por ejemplo, en nuestra Suprema Selección Nacional de Patabola.

O sea, ¿qué es lo que pasa realmente en el vestuario? Dicho en otras palabras, ¿quién manda ahí? ¿Mandan unos jugadores elevados a la categoría de ídolos indiscutibles a los que nadie, ni el más bragado de los directores técnicos, puede amaestrar, y que tienen tanto poder que son perfectamente capaces de hacerle la vida difícil al Mister hasta lograr que se largue a su casa? ¿O, por el contrario, el jefe supremo es, precisamente, un entrenador que, poseyendo las dotes del líder nato, se las apaña para imponerse a los más respondones y que se atreve a plantarles cara?

Pero ¿qué ocurre si hay fuerzas externas o, mejor dicho, intereses de terceros? Imagino, por ejemplo, a un Chicharito con patrocinadores que, por estar su figura asociada a una marca comercial, necesitarían de su presencia en las canchas, esté en forma o no esté en forma, sea del gusto del entrenador o no sea de su preferencia, lo necesite en cierta posición o crea que otro elemento es más productivo.

Es meramente algo que se me ocurre, desde luego, y me vino a la cabeza el nombre de Javier Hernández, entre tantos otros posibles, porque es una de las estrellas del futbol nacional aunque no ande brillando demasiado en el West Ham United y que este equipo, a su vez, no esté teniendo una participación nada notable en la Premier League (décimo quinto puesto, luego de nueve partidos).

¿Podrá el director técnico enfrentar a los señores del dinero, llegado el caso? ¿Hay presiones? ¿Hay sutiles sugerencias? Repito la frase del comienzo: es parte de lo mucho que no sabemos. No deja, sin embargo, de cruzarte la mente una idea así, la de que en este mundo se imponen intereses y de que las cosas son mucho menos claras de lo que debieren ser.

El próximo Mundial está lejos todavía. Si se apareciere, de pronto, una camada de jóvenes tan talentosos como desconocidos en la lista del próximo seleccionador, entonces podríamos pensar que el aire fresco sí se mete, a pesar de todos los pesares, en el vestidor. Pero…

revueltas@mac.com
Esta columna es publicada con la autorización expresa de su autor.


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