Ricardo Monreal va por la regulación de los cabilderos
Desde hace doce años practico la profesión del cabildeo. Muchas personas cuando me preguntan sobre mi empresa y les digo a lo que me dedico, la mayoría de la gente se queda con un enorme signo de interrogación: “¿Te dedicas a qué?, ¿Qué es eso del cabildeo?”, me dicen.

Mi respuesta siempre es la misma: “Me dedico a informar para incidir en la toma de decisiones de los legisladores y de los funcionarios de gobierno”, definición que aprendí de mis maestros en la materia, y en especial de uno de los mejores y más serios cabilderos de este país, Javier Medina, quien labora desde hace años en Grupo Salinas.

Mi sueño por ser algún día legisladora, mi fascinación por el Congreso, mi pasión por la negociación, me llevó por el camino del cabildeo desde hace más de una década.

La primera vez que pisé la Cámara de Diputados en 1998 quedé fascinada. En aquel entonces trabajaba en la Dirección General del IMSS, el PRD había decidido crear una Comisión Investigadora sobre el instituto y fui designada para ser el enlace legislativo entre el Congreso y la dependencia. Entregamos todo un camión con cajas repletas de contenido de información del IMSS desde 1973 a 1998: situación financiera, legal, programas, etc. Durante meses estuve trabajando de la mano de los legisladores de distintos partidos políticos que integraban la LVII Legislatura.

En dicha legislatura participaron actores políticos como Porfirio Muñoz Ledo, Joel Ayala, Bernardo Bátiz, Santiago Creel, Marcelo Ebrard, Fauzi Hamdan, Dionisio Meade, entre otros. Recuerdo que Bátiz organizó, junto con la UNAM, un par de diplomados que cursé: uno sobre Derecho Parlamentario de México y otro sobre Derecho Parlamentario Comparado, donde estudiamos el funcionamiento, la composición de todos los congresos del mundo, incluyendo los sistemas parlamentarios, presidenciales y semi-presidenciales. Nos dieron clases las vacas sagradas sobre la materia como Juan Linz y Arturo Valenzuela.

Posteriormente trabajé tres años en el Senado de la República de manos del Presidente de la Mesa Directiva, Enrique Jackson, donde me especialicé en el proceso legislativo. Tiempo después cursé en el Universidad Iberoamericana el Diplomado coordinado por Roberto Ehrman, sobre “Estrategias de Cabildeo y Técnica Legislativa”.

Y en el año 2006 decidí dejar el gobierno y abrir mi empresa de cabildeo llamada Gestión Global (Estrategia y Cabildeo), donde he representado empresas del sector financiero, salud, energético, infraestructura, turismo, entre otras. Y desde donde hemos impulsado la creación de nuevas leyes, reformas a diversos artículos, y entrega de un sinfín de información a los legisladores que muchas veces no son todólogos en las materias que pretender regular. De ahí el papel tan importante que jugamos los cabilderos, no sólo en México, sino también en el resto del mundo.

El cabildeo es un arte, una profesión, y una técnica. Para ser cabildero debes estudiar el poder, la toma de decisiones, debes conocer el momento idóneo para exponer un tema, pero sobre todo, debes escuchar y entender a todas las partes que forman un proceso.

Desde el año de 1946, el Congreso de los Estados Unidos Americanos introdujo la "Federal Regulation of Lobbying Act", que el término fue dado por legal y en comparación con su más temprana connotación tuvo una sanción respetable.  Para Norberto Bobbio, el cabildeo es el “proceso por le cual grupos de interés, ponen en conocimiento de los Decision makers sus puntos de vista”. Charles S. Mack lo define como un “proceso mediante el cual se busca modificar una política pública y de gobierno”.

Ricardo Monreal va por la regulación de los cabilderos

En México, la actividad del cabildeo está regulada desde el año 2010. Sin embargo, la semana pasada, el senador Ricardo Monreal, presentó una iniciativa para crear la “Ley que Regula las Actividades de Cabildeo en el Congreso de la Unión”.

Señala en su exposición de motivos que “un marco sólido para regular las actividades de cabildeo es particularmente deseable para construir o consolidar democracias más fuertes, transparentes y justas. No se trata de extinguir las actividades de los cabilderos, pero sí de inhibir aquellas que vayan en perjuicio de las instituciones y de la socavación de la confianza ciudadana en ellas”.

Asimismo, denuncia que la crisis de las instituciones, en parte se debe, a la creciente evidencia de que las decisiones políticas “se llevan a cabo a espaldas de quienes son o serán afectados por los resultados de las mismas”, y puntualiza que una fuente de esa crisis se deriva de la actividad de los cabilderos.

El contenido de la Ley propuesta se desarrolla a través de veintitrés artículos que se ordenan en ocho capítulos. Define al cabildero como “la persona física o moral que realiza actividades de cabildeo para promover, defender o representar intereses particulares o de terceras personas ante Legisladores en lo individual o en conjunto, o ante cualquier servidor público de las Cámaras, con el propósito de obtener una resolución o acuerdo favorable a los intereses que representa”.

Monreal propone continuar con el padrón de cabilderos y promueve la transparencia al obligar a los legisladores, como a los servidores públicos y cabilderos a entregar de forma trimestral un informe relativo a sus actividades de cabildeo. De la trazabilidad de estas actividades, dispone la integración de un archivo de cabildeo que contenga los documentos de relacionados con iniciativas, minutas, proyectos, decretos y cualquier acto o resolución emitida por las Cámaras. Todo será publicado.

En materia de combate a la corrupción, especifica que los legisladores y funcionarios de las Cámaras deberán abstenerse de recibir dádivas o pagos en efectivo, o recibir cualquier tipo de beneficio.

Por último, impone multas desde $80,600 pesos hasta $403,000 pesos a quien gestione actividades de cabildeo sin estar inscrito en el padrón y haber obtenido la cédula correspondiente; posibilite realizar actividades de cabildeo a quien no tenga cédula o esté inhabilitado; omita registrar información, registren información falsa o que se abstengan de actualizar las informaciones originalmente registradas; ofrezca, entregue u otorgue dádivas o pagos en efectivo, especie u otro tipo de beneficio de cualquier naturaleza a Legisladores o Servidores Públicos, con el propósito de influir en las decisiones.

Adicional a que impone una serie de causales de responsabilidades administrativas para los legisladores y funcionarios de ambas Cámaras.

Enhorabuena se presenta esta iniciativa que genera derechos y obligaciones de quienes nos dedicamos a esta profesión. “Coyotes”, compadres de legisladores hay muchos, pero quienes permanecemos en el tiempo como auténticos profesionales en esta materia legislativa y especialistas técnico-políticos, celebramos como sector esta propuesta, pues incluso, entre los pares nos beneficia la transparencia que se vuelve ahora obligatoria.

Ojalá y que con este tipo de propuestas se mejore la imagen del sector, que desgraciadamente se ha visto deteriorada, precisamente por aquellos que se han apartado de la ética y del profesionalismo que implica.


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