Albures y paradigmas
Estimado lector, es un gusto para mí encontrarnos nuevamente en este espacio; si leyó los ensayos anteriores de esta tercera temporada, tenemos identificados en común lo que son los paradigmas; en el anterior, hicimos referencia a los “cales”, mencionando cómo el entonces presidente electo AMLO, rompió un viejo paradigma e impuso otro, y consideramos que a futuro hay otros que están en proceso de cambio.

Pues bien, ahora haremos un ejercicio con tres paradigmas diferentes, con un tema central que usted posiblemente conozca bien; podemos decir que se usa como instrumento de “bullying”, o bien, se ha padecido en diferentes entornos: el albur; ese juego de palabras que tiene como fin “sodomizar” al adversario, y/o expresar también con palabras “en doble sentido”, el deseo sexual que se tiene hacia alguien, bien una mujer u hombre, o lo que sea.

Creo que el tema es de dominio general y no requiere de mayores explicaciones. Lo más importante de este asunto, sería poder ver cómo el análisis de un mismo tema, visto con paradigmas diferentes, da resultados diferentes. Sólo para fines prácticos y con absoluto respeto de las creencias o dogmas personales de cada quien, denominaremos como “culturalista”, “subdesarrollo intelectual” y “Bíblico”, a cada uno de los enfoques que usaremos para llevar a cabo el ejercicio. En síntesis: viejos y nuevos paradigmas. Empecemos.

El paradigma “cultural” es el modelo dominante, vigente, son los lentes con los que se analiza y se hace apología del albur; el paradigma del “subdesarrollo intelectual”, es una endeble propuesta que pudiera servir de marco, para crear un nuevo paradigma de análisis y estudio de dicho comportamiento; y finalmente, el marco “Bíblico” será nuestro referente como viejo paradigma.

En el caso del primer modelo, “los culturalistas” lo conforman un grupo de (pseudo) intelectuales, comunicadores, escritores, académicos y gobiernos locales que en términos generales reconocen en el albur un atributo cultural propio del mexicano; para ellos, el albur forma parte del ingenio y del talento mexicano, una habilidad que nos hace únicos, seres “míticos”, inigualables, de inteligencia diferente y súmele usted todo el dechado de virtudes que quiera y se le ocurra. En resumen, hace del mexicano un “chingón”.

En el caso del paradigma del “subdesarrollo intelectual”, trataré de aportarle los primeros ladrillos, que pueden servir de marco o antecedente para construir ese nuevo paradigma.

Referiré que en mi primer semestre de universitario –hace ya varios lustros- en las clases de Teoría Social, el profesor, de apellido Villegas, preguntaba al grupo sobre lo que entendimos de diferentes lecturas (“El Leviatán” de Hobbes, “La República” de Platón, entre otros, si mal no recuerdo); el profesor se desplazaba a lo ancho y a lo largo del salón, cuestionando a algunos en particular, o con preguntas generales a todo el grupo, mientras que por respuestas, sólo se daban intercambios de miradas y total silencio.

Debo decir, que por lo menos un par de veces, pude ver cómo el rostro del profesor reflejaba frustración, enojo e impotencia -por decir lo menos-, debido a que algunos no entendíamos nada de lo que leíamos, en tanto que otros, de plano ni leían.

En una ocasión, enojado y frustrado por no encontrar –como era costumbre- las respuestas que esperaba de sus alumnos, soltó, palabras más palabras menos, la siguiente frase: “su nivel de pensamiento es como el de los perros”, explicándonos que los caninos no tienen pensamiento abstracto, ya que son criaturas que “piensan” en imágenes.

La ausencia o escaso desarrollo del pensamiento abstracto, es la esencia del paradigma del “subdesarrollo intelectual”, y si analizamos el albur bajo esta óptica, encontraremos que es un sistema de comunicación donde el juego de palabras sólo requiere de una o dos imágenes para entenderse; está construido con un lenguaje muy simple, que no requiere de la reflexión abstracta. Parafraseando al profesor Villegas diré: el paradigma del “sub desarrollo intelectual” requiere una intelectualidad semejante a la de los perros; (debo decir, que esa frase de mi profesor universitario se quedó grabada en mi mente para siempre).

En aquellos años escolares, en los espacios de tiempo que había para socializar entre clase y clase, los diferentes murmullos de las huestes estudiantiles, me confirmarían que el profesor tenía razón: “apachurro, mojo y despeino”, “ahí va José…allá Tomás”, “chico, mamey y papaya”. Apenas una pequeña muestra que recuerdo, de todo un amplio catálogo de ocurrencias, para manifestar el deseo sexual por una mujer o someter sexualmente al otro, a la otra, o lo que sea.

Si la apreciación de mi ex profesor es correcta, pensemos en el reto que tiene el sistema educativo para sacar del subdesarrollo a millones de estudiantes, que llegan a la vida adulta y lo que mejor hacen, es proferir albures y palabras que generalmente no forman parte de las buenas formas.

Por otra parte, si analizamos el albur a la luz del viejo paradigma, “Bíblico”, encontramos que ese juego de palabras usa un lenguaje que busca e incita a la sodomía, fornicación y el adulterio, prácticas todas qué -hasta donde entiendo-, están proscritas por Dios; y bueno, si no se vive bajo el mandato de Dios, entonces se vive alejado de Él. Interesante ¿no le parece? ¿recuerda por qué fue destruida Sodoma?; bajo este paradigma: ¿ya imaginó hacia dónde caminamos hoy los mexicanos?

Si usted se rige por el paradigma “culturalista” y considera que es el correcto, seguirá albureando sin empacho alguno. Si le caló el paradigma del “subdesarrollo intelectual” y quiere salir de esa condición, tendrá que dejar de alburear y leer mucho sobre temas y tópicos que lo edifiquen. Si para usted, su marco de referencia era el viejo paradigma, “Bíblico”, está en condiciones de comprender los siguientes temas, pero si no tiene referente del mismo, desempolve el viejo libro para despejar probables dudas.

Para concluir, podemos decir que el paradigma “culturalista” es excluyente, no se puede complementar con el viejo paradigma “Bíblico”; tampoco se puede complementar con el nuevo, del “sub desarrollo intelectual”, si el paradigma “culturalista” exalta al mexicano como un “chingón”, entonces el mexicano difícilmente podrá reconocer sus carencias y aceptar nuevos paradigmas.

En contraparte, el viejo “Bíblico”, y el nuevo paradigma del “subdesarrollo intelectual” si pueden complementarse; si de leer, leer y leer se trata para salir del estado de “subdesarrollo intelectual”, sus lecturas pueden ser complementadas con el libro soporte del viejo paradigma; vale la pena revisarlo, ya que en la próxima entrega, si la coyuntura no prioriza otro tema, -y Dios lo permite- escribiremos sobre los diferentes niveles de gobierno, usando como marco de referencia, dos paradigmas distintos.

Nos leemos la próxima semana.


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