Calados
¿Recuerda el ensayo anterior? Apuntamos algunas ideas que consideramos podrían ser de utilidad como marco de referencia, para hablar de los paradigmas. Hay momentos que el acontecer político marca cambios importantes (para bien o para mal) y cuando no comprendemos ese cambio, difícilmente podemos cambiar los anteojos con los que vemos o interpretamos la realidad.

Un caso de cambio paradigmático (uno de varios) que se registró con el triunfo del Presidente López Obrador, es -en buen lenguaje charro- el de la “suerte” de “calar al presidente” por parte de los poderes fácticos. El “calado” era (¿o sigue siendo, pero a la inversa?) una práctica que se venía desarrollando periódicamente cuando menos desde mediados de la década de los cuarenta del siglo pasado, principal y más visiblemente por los sindicatos más poderosos del país.

El trabajo consistía en aprovechar ese aparente vacío de poder que se registraba entre el poder declinante de un presidente en funciones, y el poder aún no nato de un presidente electo, para armar conflictos de cualquier índole, que tenían como objetivo final arrancar canonjías y prebendas al gobierno en ciernes.

Al respecto, el historiador Enrique Krauze, quien me parece pionero en la materia, cuenta una anécdota a trasmano del Presidente Miguel Alemán, en la que al inicio de su gobierno, abanderando demandas salariales, el sindicato petrolero amenazó con paralizar el suministro de combustible. El presidente ofreció 10% con opción de llegar al 15%, pero el sindicato no lo aceptó.

Ante la negativa sindical, el presidente Alemán movilizó al ejército para atender el suministro de combustible, y ante el posible desplazamiento de sus agremiados que podría dar inicio a una debacle de su organización, los petroleros aceptaron la oferta gubernamental. Posteriormente, líderes sindicales y el presidente se reunieron para “limar asperezas”, y después en el brindis, uno de los sindicalistas soltó: “…pero si nomas lo estábamos calando Señor Presidente”. “Pues ya me calaron hijos de la chingada”.

De entonces hasta por lo menos 2012, “calar” a los presidentes por parte de los poderes fácticos, ha sido una práctica permanente para extraer rentas del Estado. Pues bien, consideramos que ese viejo paradigma del “calado presidencial”, cambió con la elección de López Obrador.

Ese interregno (que va de la jornada electoral a la toma de posesión), entre un presidente que declina y el nuevo titular del Ejecutivo, en esta ocasión fue hábilmente aprovechado por el entonces Ciudadano Presidente Electo, que se adelantó a los poderes fácticos y empezó a “calarlos”.

Sí, me parece que sabiamente los “caló” a casi todos, aunque sus decisiones parezcan locuras. López Obrador se adelantó y “caló”, a los más simbólicos y/o los más representativos; “caló” a aquellos sobre los que tenía dudas sobre el camino que tomarían, los caló y ya hubo acercamiento para limar asperezas; no sé si hubo brindis…pero “cale”, sin duda.

El hoy Presidente AMLO, previo a su toma de posesión, se dio a la tarea de “calar” a todos los poderes: fácticos, económicos e institucionales, como el judicial, (salvo el legislativo, que fue parido de su seno y nació dependiente de él).

Veamos los más relevantes:

Entre los primeros, tenemos a los gobernadores, que fueron notificados de la nueva súper maquinaria administrativa-electoral, que el ciudadano presidente tiene pensada para ejercer el gasto federal, la cual en los hechos, política y electoralmente anula, a los antaño denominados virreyes.

Hasta donde entiendo, no hay signos de revuelta; el altanero sindicato de gobernadores denominado CONAGO (que le arrancó a los ex presidentes de los gobiernos divididos lo que quiso) no han dicho “ni pio”; más aún, su dirigente hoy se sabe, es uno de sus más leales escuderos. Calados y domesticados.

En apariencia, supuestamente hay un pequeño grupo de gobernadores rebeldes, que no creo que sea tal ni que logren mucho; tengo la impresión de que es una oposición de fantasía, que permitirá dar vida artificial a una oposición en proceso de extinción, y a la vez, legitimidad a un régimen que ya se avizora monolítico. Jugar a la oposición, puede representar oxígeno, cuando el diagnóstico médico señala que muy pronto serán cadáveres políticos.

Por otra parte, con la cancelación del proyecto del aeropuerto de Texcoco, “caló” al poder económico de los empresarios mexicanos, que ya dijeron que no habrá demandas contra el gobierno federal, según entiendo. Es posible que el proyecto siga su curso, la diferencia es que ya los midieron y no hay señales de enfrentamiento como sucedió en el gobierno de Luis Echeverría; otro paradigma en proceso de cambio.

La amenaza de reducción de las comisiones bancarias, fue otro lance para “calar” a los banqueros y señores del dinero. Ya les dio tres años de gracia para que bajen las comisiones; ya veremos cómo se acomodan las calabazas en ese periodo. Con el aeropuerto y la propuesta de MORENA por reducción de las comisiones bancarías, también está “calando” y midiendo a los mercados. De los últimos, ya conocía el pulso de los técnicos, ahora tiene el propio.

Con el cuento de quitarle unos frijoles de la olla, trae al Poder Judicial en vilo. Los está “calando”, vendrán las pruebas, o de plano les arma una consulta para ver si se cambian todos, sí todos: ministros, magistrados y jueces, y todo lo que les siga en la estructura burocrática judicial.

Otros, atrapados en el viejo paradigma, quisieron “calar” al nuevo presidente en funciones: uno de ellos, mejor ofreció sus servicios para “amarrar a los perros” que seguramente el mismo soltó; otro, de plano se rajó y dijo que no dijo lo que dijo.

El paradigma cambió, ahora el que “cala” es el Ciudadano Presidente; y quizá haya más sorpresas, tan pronto “cale” bien al caballo, perdón, el cargo.

¿Así o se quieren seguir calando? O como cuando niño me decía mi madre si me veía inquieto después de unos “chanclazos” bien ganados ¿“…Te estás o te doy otra caladita”?

Nos leemos la próxima semana.


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